09/07/2006
Otra larga ausencia... para variar
Había muchas cosas entonces… y hoy es como si hubiera más, pero en realidad hay mucho, mucho menos.
Yo sé que muchas veces no es fácil comprender del todo lo que escribo. Es como si las ideas resultaran esquivas para el que lee… Pero es que esto no está escrito para ser comprendido precisamente, ¿o sí? Na…
Hay alguien que me pone nerviosa… y no tengo la menor idea del porqué. A veces hasta me molesta, pero en su memento no soy conciente de ello. Y pensar que me quejaba del que estaba antes…! Casi, casi —y lo digo bajito para que ciertas personas no me oigan porque lo odiaban mucho más que yo— prefiero que vuelva. Al menos me divertía de lo lindo haciendo crítica del mentado “Fulanillo”… tenía su encanto la situación, debo admitir.
¡Y encima a mí me tocan todos los complicados que andan pululando por ahí! Y sin darme cuenta ando de buena samaritana como si de verdad pudiera permitírmelo… porque tiempo… es lo que me falta. Pero no aprendo más.
~ Portugués ~
Me está ocasionando problemas… Se me hace una mezcla que me quiero matar. Estoy cometiendo errores de ortografía espantosísimos por tratar de escribir correctamente en portugués… Y cuando conjugo verbos nuevos, mi cerebro se sintoniza en el idioma equivocado, ¡que el italiano y el portugués no tienen nada, NADA, que ver, caramba!
Al final, el chino era de fácil…
~ O trabalho ~
Me río… sí, en serio.
Somos todas mujeres, pero el fútbol posee a ciertas “doñas”, peor que a los hombres.
No vi la inauguración, ni el primer partido. No me importó. Vi ayer la primera presentación de Argentina, y juro que de buen grado habría asesinado a 99% de los periodistas deportivos. Si sigo escuchando ese odioso “¿Y para cuándo Messi?”, voy a enloquecer. ¿Por qué tanta obsesión con el pibe? No es por llevar la contra a todo, pero por lo general cuando piden tanto a alguien, cuando por fin le llega el turno no hace nada mejor que el resto de sus compañeros.
Mañana juega Japón y no lo voy a poder ver, buaaaa… Quiero ver a Takahara, a ver si ya aprendió a jugar. Jaja.
~ F1 ~
¡WAAAAAAAAAA! ¿Es que ese maldito Renault de Fernando Alonso no se va a romper nunca?
¡NO ES JUSTO, NO ES JUSTO, NO ES JUSTO!
Kimi llegó al podio, y hasta me cuesta creerlo; el pobre anda “meado por los perros”.
Y Shumi… Bueno, el record de Senna le está resultando de lo más esquivo. Pero yo creo que este año lo va a superar de todos modos. Sí, lo quieran o no, es EL MEJOR, con todo y “las que se manda” a veces.
Jaja, este comentario va tarde, pero a propósito de hacer cagadas, enhorabuena por sacar del certamen a Yuji Ide, ese sí que era un peligro.
~ Familia ~
¡Odio a todos!... menos a unos pocos que puedo contar con los dedos de las manos.
¿Está mal? No sé. Uno no puede sentir cariño por una horda de chupa-sangre simplemente porque existan ciertos lazos sanguíneos. Es más, hasta “cosita” me da al pensar en esos menesteres. Todos se hacen los santos, muy católicos ellos, mucha iglesia, todo buenos deseos y “¿cuándo vienen para acá?” Bah, puras falsedades. Lo único que les interesa es lo que le pueden sacar a uno y nada más.
Una buena, aunque a medias, porque aunque no lo quiera aceptar la gente se manda macanas de las grandes inevitablemente… ¡Tengo una sobrinita!
No, no es hija de ninguno de mis hermanos, sino de la única prima a quien quiero. Si tomara en consideración a todos “mis primos”, entonces ya tendría un montón de sobrinos, pero como no los quiero ni me importan un comino, es como si no existieran.
Ah… pero a esa niñita sí la quiero conocer. Con suerte, en un par de semanas me hago el viajecito…
~ Ahora algo más reciente ~
Hice el viajecito nomás… ¿Y para qué? Bueno, para conocer a mi sobrinita que es la bebé más linda que haya visto. De verdad, es perfecta, tiene todo lo que tiene que tener y en su justa proporción, y un carácter dulce… ¡Si pudieran ver sus sonrisas cuando duerme! En realidad, a cada instante sonría sin razón aparente… Es de linda, linda, linda…! Nunca había dicho algo semejante de un bebé tan chiquito. Me encanta.
Ahora, en lo que toca al resto de la familia, demás tíos y primos, concluyo —y no pienso retractarme— que son todos unos zánganos que no valen el aire que respiran, y que si no los volviera a ver por el resto de mis días, me sentiría verdaderamente agradecida con mi suerte. Y es que ya no me cabe la menor duda de que no quieren a nadie, no se quieren entre ellos, ni siquiera a sí mismos. Tienen una ambición que no va más allá de un par de meses en el futuro y una atrofia neuronal de niveles alarmantes…
No. No me da pena pensar así de ellos. Me conozco, y sé que no soy una persona mala, que no me fijo en dar de mí cuanto puedo y cuanto no para darle una mano a cualquiera, y que, aunque no lo parezca en estos escritos, resulto bastante buena para comprender los dilemas de la gente, aún cuando no las comparta… La gran diferencia con la familia, es que ya he visto más que suficiente. Con decir que ni la hipocresía de gruñir un parco “gracias” les nace para salir del paso delante de quién más de una vez les pagó la olla sin fijarse en lo que se privaba.
Pero no me voy a complicar más. Ya no quiero seguir con estas cosas.
~ Cambio de tema ~
Releía lo que escribí hace unas cuantas semanas… Y Argentina se quedó afuera del mundial de fútbol… y justo el partido en que —a mi humilde juicio— todos jugaron bien. No me gusta entrar en la controversia de si tal o cual debió jugar o no; para mí todos estuvieron bien… Pero quiero… no, mejor no digo que me gustaría tener a Escolari como técnico, ¿no? No, mejor no lo digo. XP
EL 3° PUESTO --- ¿Fueron ilusiones mías, o en el estadio resonó la canción del mundial de Italia ’90? Nada memorable la labor de los organizadores.
LA GRAN FINAL ( ?! )--- ¡¡¡Quiero que pierdan los dos!!!
LO ÚNICO RESCATABLE --- ¡¡¡Elizondo en la finaaaaal!!! Eso, para los periodistas deportivos que se llenan la boca hablando zonceras cuando un tipo que tiene que juzgar sin “repeticiones, cámaras con ángulo invertido, cámara lenta, etc., etc.,” corriendo atrás de la pelota con 30°C de temperatura, cobra mal dos o tres faltas en un encuentro. A ver, ¿quién de todos ellos lo haría mejor?
~ Fórmula 1 ~
Sí!!! El récord del legendario Senhor Senna cayó también!
El campeonato se está poniendo bueno al fin… 19 puntos de ventaja todavía son muchos, pero después de Indianápolis puedo volver a hacerme ilusiones…
~ Japonés… y otros ~
Cada día me gusta más. Todavía no puedo leer una simple revista de propaganda que reparten en los supermercados de Yokohama, pero puedo con el libro de lectura, ¡y estoy feliz! Hace cosa de un año y medio, no tenía le menor esperanza de llegar a saber todo lo que sé, que si bien no es una enormidad, si es merecedor de cierta consideración.
Esta mañana rendí el examen escrito de portugués, que me tenía un tanto preocupada, porque conjugar los verbos irregulares en tiempo pasado es una pesadilla para quien tiene en la cabeza una mezcla como la que yo tengo. Los verbos irregulares del portugués, son prácticamente los mismos que en el italiano, y aquí el saber me juega malas pasadas, porque tiendo a “pensar” en el idioma equivocado… En fin, la semana que viene le llega el turno al examen oral, que no me asusta tanto, y después, ¡todos a almorzar comida típica brasileña!
Lo único que me preocupa es llegar al sábado con el aparato digestivo en condiciones como para poder comer algo, porque tuve una semana espantosa, en la que por momentos pensé que me iba a morir del dolor de estómago. ¿Que qué comí? Cosas de lo más inocuas. ¿Que qué me hizo mal? Vaya uno a saber. El caso es que apenas me estoy recuperando… Me hizo sentir un tanto bien que en la oficina todas las “doñas” —el híbrido grupo de compañeras de trabajo— se afanaran por componerme el estómago… Descubrí que el té de limón tiene un olor espantoso y un sabor exquisito, que el de ruda tiene un olor demasiado dulce y sabor a nada, y que si me siento mal, casi todo mundo tiende a repartirse mi trabajo en muestra de buena voluntad.
Lástima que me sintiera tan mal como para disfrutarlo… No, mentira. De verdad, me gustaron algunos gestos y estoy agradecida, que las horas de sueño que generosamente me obsequiaron no tienen valor.
Y antes del fin del discurso: En agosto retomo Mandarín. ¡Lindo, lindo, lindo! La semana pasada me saqué un diez en un examen —cosa que no me pasa muy a menudo que digamos—, y, con todo y esta sensación de tener el cuerpo apaleado, hasta podría decir que me siento bien.
Finalmente, con respecto a “ese” que me incomodaba… ya se me pasó, como todo en la vida, ¿vieron? Y es que todo es taaaan efímero… ni qué decir de los “pareceres” de alguien como yo. No señor, no sirvo para esas cosas. Sólo guardo sentimientos perdurables por las sensaciones y los actos, raramente por las personas en sí mismas. Soy una perfecta acopiadora de experiencias ajenas… en fin, una cobarde.
~ Fin del monólogo ~
Ana.
04:15 Permalink | Comentarios (0) | Email esto
26/03/2006
Lindu lindu lindu!
Había escrito algunas cosas hace tiempo, pero nunca las publiqué… Qué pereza da a veces… incluso conectarse a internet.
Será que el trabajo me tiene de cama, si bien no niego que lo disfruto. Pero también he de reconocer que este fin de semana largo me vino como caído del cielo. El jueves después de mediodía no daba más, y no daba más en serio, si hasta era capaz de quedarme dormida de pie en cualquier rincón. Y para colmo fue uno de esos días sumamente tranquilos en que los jefes ni se aparecen… y, cosa rara, ni siquiera llamaron. Pero sarna con gusto no pica, dicen, y la noche del miércoles rayó en la perfección. Los desencuentros, y los encuentros sobre todo, que el trámite salió redondito.
El Club Ciudad de Buenos Aires no es la gran cosa, el escenario tampoco, pero el espectáculo fue lo que esperaba. Y digo que fue lo que esperaba porque nunca me lo he perdido antes, nada más. Jason Kay sigue siendo un espectáculo en sí mismo cuando sube al escenario, y la banda suena mejor que en cualquier grabación, sin importar que no se trate de los integrantes originales de Jamiroquai. Dos horas sin interrupción y con el ánimo en lo más alto. Esta vez, ni siquiera el acostumbrado “instrumental” de mitad de carrera, y todos —todos— los temas que quería oír, salvo quizá “Seven Days In Sunny June”, pero en compensación “Dynamite” y “Time Won't Wait” fueron magníficos. Sí, magníficos. Y ese fue el ritmo de toooodo el recital. Sí, así de “alto”, así de… ¿frenético? Bueno, esa no es a palabra, aunque sí podría emplearla para describir el final.
Una sola crítica: Muy lindos los coros, pero faltaron los vientos, y en “High Times”, eso se notó.
Rememorando, caímos en la cuenta de que ¡hacía casi siete años que no los íbamos a ver! Que no se repita una espera tan larga, ¡por favor!
¿La compañía? La de siempre, si bien con algunos agregados que resultaron sumamente oportunos, por no decir “convenientes”. Y ese es otro ingrediente que mejoró la noche.
Y una cosa que aprendí bien el miércoles en la noche:
“Si lo buscás, es muy, pero muy difícil que lo encuentres”.
“Las posibilidades de hallar algo, o a alguien, son mucho más elevadas en la medida que no busques nada”.
~ Otro tema ~
Hace tanto que no escribo acá, que se me acumularon un montón de cosas para contar.
Por supuesto, no voy a ponerme a hacer memoria. No tendría ningún sentido. Pero hay ciertos aspectos que no puedo dejar de lado, porque se trata de cosas que me hacen sentir bien.
A fines de 2005, sin ánimo de salir de vacaciones a ningún lado, en parte porque no tenía muchas ganas de estar en compañía de otros seres humanos, en parte porque andaba con un humor extraño por el fin de las actividades de carácter académico, me anoté en un curso de verano para aprender chino mandarín. Por entonces acababa de dejar mi trabajo —me peleé con cierto impresentable miserable al caer en la cuenta de que me es definitivamente imposible dejar mi mal genio en casa cuando voy a trabajar— y andaba buscando algún productivo quehacer… Y todo habría resultado sumamente sencillo si: 1- no hubiera encontrado un trabajo mejor tan rápidamente, y 2- el idioma chino no fuera tan difícil de hablar.
La gramática es todavía más simple que la del japonés —lo que es mucho decir—, pero el sistema de fonética —inventado por los rusos— es un despiole. ¡Y hay tantos acentos distintos! Tonos, mejor dicho… ¡Y tantas vocales! ¡Y tantos sonidos y consonantes que no existen en el castellano ni en ningún otro idioma que hubiera conocido antes…! Y el curso era “acelerado”, por lo que cubrimos el contenido de dos módulos cuatrimestrales en apenas tres meses…
Las clases, fabulosas, de una dinámica encomiable. La profesora, un encanto de persona; china ella, y con un dominio del español viciado de tonos y acentos de su tierra, pero carente de errores gramaticales. El mandarín, como que le tomé “cariño” cuando comenzamos a dejar de lado el sistema de fonética y nos dedicamos a los hánzi (caracteres chinos). Así era mucho más fácil leer y escribir, puedan creerlo ustedes o no.
Un maratón de fin de semana me costó preparar el examen; cosa que nunca antes debí hacer por otro examen de idioma. ¡Y lo aprobé! Estoy lista para el tercer nivel. Pero todavía no lo voy a retomar, porque dentro de diez días comienza el nuevo curso de japonés —que a propósito es mucho más difícil de escribir que el chino, al menos para mí, pero no teman que no me voy a poner a explicar por qué—, y la facultad… ya comenzó.
¡Ah… la facultad…! Me tiene algo —bastante— desilusionada. Es muy desordenada, y yo necesito un mínimo de orden, de organización, para aprender las cosas correctamente y de una vez. Además, se supone que si uno fuera a aprender todo por sí mismo, solito y su alma, ¿para qué carambas queremos a los catedráticos? Las ciencias exactas requieren demostraciones —muchas—, y práctica. La sola presentación, así sin más, de una ecuación cualquiera no me basta para resolver la infinidad de problemas que la vida real presenta. Y es así como me tengo que deslomar para poder aprobar cada cochino examen. Sinceramente, estoy medio harta. La cosa podría ser bastante más simple si se “calentaran” un poco en organizar los cursos como Dios manda.
Y, no. No es que quiera todo servido en bandeja, si no me habría puesto a estudiar cualquier otra cosa en cualquier otra universidad, ¡pero vamos! que confeccionar una guía de trabajos prácticos medianamente decente y resolver un par de ejercicios al final de la clase en vez de hacer recesos de 45 minutos, no es mucho pedir ¿o sí?
Bueno, mejor no sigo porque me desmoralizo y mando a unos cuantos a volar bien lejos.
~ Portugués ~
Ayer, primera clase.
Dinámica de la clase, mmmm… buena; aunque reconozco que por tratarse de la primera “edición” sí colmó mis expectativas.
La profesora me cae muy bien, los compañeros también, con algunas excepciones. Definitivamente, las “viejas” no deben juntarse en clase porque se olvidan del mundo y hablan, y hablan, y hablan, vaya uno a saber de qué, pero que seguro nada tiene que ver con lo que se está explicando en el frente.
Otro punto que me puso un tanto alerta: Tener que trabajar en grupo. De dos personas a Dios gracias, porque organizarse a estas alturas es por demás complicado. Mi compañero parece un tipo “despierto”, si bien ayer se había ido a la clase arrastrando las sábanas y con la almohada adherida a la cabeza… pero ¿qué se le va a hacer? Aún dormido es despierto, así que no voy a apresurar juicios.
Todo sea por cumplir con Fabiano, y por mi empecinamiento en no hacer trampa. Aprenderé a escribir decentemente el portugués o moriré en el intento. Quién sabe.
~ Acerca de la “vida sentimental” ~
Caigo en la cuenta de que cuando ese aspecto de mi vida experimenta algún tipo de “desarrollo”, por decirlo de alguna manera, me muestro completamente reacia a expresarlo, de la forma que sea.
¿Por qué? En una de esas, porque el enamoramiento nos pone lelos y nos roba un tiempo que, a mi entender, es precioso. Y no es que considere que el enamoramiento en sí sea una pérdida de tiempo, sino todo lo contrario, puesto que es un estado agradable, lo reconozco, y del que me gusta disfrutar, pero que nos lleva más tiempo del que debería.
Divago… y me siento necesaria para esa otra persona. ¿O será que esa otra persona me hace sentir que me necesita? Bueno, da igual. El caso es que después una reacciona, se despierta un poco y cae en la cuenta de que ¿cómo carambas se las arreglaba esa otra persona antes de conocernos? Seguramente era capaz de respirar, de comer, de dormir, de vestirse y de ir a todas partes solito, o con cualquier otra persona, sin que yo estuviera ahí con él. ¿Cierto?
Cuando pongo sobre la mesa que sigo siendo un individuo, y que tengo conciencia de no ser indispensable para la vida de nadie, es cuando todo comienza a decaer. ¡Qué fea es esa dependencia! ¡Me exaspera!
Sí, si escribiera acerca de lo que me pasa por la cabeza cuando me enamoro, sin duda me dedicaría a copiar y pegar. ¿Y qué sentido tendría contar las veces que siento que me asfixio?
Llevo una semana entera con el celular apagado. De vacaciones, como quien dice. Se suponía que ayer iba yo a llamar… Se suponía. Lo que llevo encontrando en el contestador desde el martes me ha hecho cambiar de planes… Otra vez.
Ana.
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09/11/2005
Naderías...
¡Ah…! El amor… siempre tan inoportuno…
¿Por qué cuando una sabe de antemano que algo no va a ir bien, de alguna manera el subconsciente se las apaña para que siga adelante como caballo con anteojeras?
Hay opciones en la vida… a veces son pocas, pero que hay, hay, ¿cierto?
Yo sé que me estoy equivocando feo en algo, y sin embargo me comprometo en cosas que sé que no voy cumplir, y no porque no pueda, sino porque me sé incapaz de ceder.
“Sí, voy a ir, no te hagás problema…”
“Yo te llamo…” (Esta es la frase me caracteriza).
Y después, el mar de excusas… Y hay veces en que la sinceridad no es muy conveniente que digamos, y se miente piadosamente, si bien no me queda muy claro con quién se es piadoso realmente… O si sencillamente se es egoísta.
¿Y qué es lo peor de todo? Que es cierto eso de que el pecador tiende a pensar en los demás como en seres de su misma condición, y entonces un defraudador de la confianza que teme con horror ser defraudado, se vuelve cínico y en cierta medida hasta antisocial. Se encierra en sí mismo y hace buenas migas con el egoísmo, engañándose a sí mismo, justificándose, volviéndose casi incondicional —casi— de aquellos que a ciencia cierta sabe que no le van a dejar solo ni en la peor de las circunstancias.
Ah… sé que lo voy a estropear todo, y no sé cómo detenerme, cómo hacerme recapacitar. Sé que hoy mismo voy a inventarme una excusa, y sé que me lo van a dejar pasar, y sé que mañana “el truco” me va a resultar de nuevo, y que voy a seguir así hasta que ya no resulte… ¿Sería mucho pedir que me reprendieran desde un comienzo? ¿Que no me perdonaran esta primera vez y me pusieran en mi lugar? De vez en cuando, a todos nos viene bien que nos llamen la atención.
Ana.
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06/11/2005
Tanto tiempo...
Hacía tiempo que no pasaba por mi propio blog… ups… Eso estuvo feo, y es que casi ni me di cuenta, tal vez porque me pasaron un montón de cosas en los últimos dos meses…
Para empezar, falleció mi abuela, y después de eso, por un tiempo considerable, no tuve ganas de hacer absolutamente nada. Ya pasaron más de dos meses desde que pasó todo eso y todavía me duele como si hubiera sido ayer… Si de recordarlo nomás se me llenan los ojos de lágrimas, y es que soy una llorona, no lo puedo evitar; pero de algún modo tengo que desahogarme, ¿cierto?, de otro modo explotaría… Yo quería mucho a mi abuela, casi tanto como a mi mamá, y conversaba mucho con ella, ¿saben? Para mí, pasar tiempo con ella era un placer, nos reíamos del mundo y criticábamos a la gente con tanta ironía que me río y lloro al mismo tiempo de recordarlo tan sólo. Además, nos complementábamos: A mí me encantaba leerle, y a ella le gustaba escucharme… La extraño… la voy a extrañar mucho, pero mucho tiempo… toda mi vida.
En fin, que todo se me fue un poco al tacho, porque el mundo sigue girando y jamás espera a nadie, así que, como quien dice, me perdí un par de bondis y llegué tarde a varias “citas” importantes, ¿se entiende? Si no, no importa.
Por estos días ando en miras de reencaminar mi rutina, tengo nuevo trabajo, sigo buscando departamento, sigo con las clases de japonés, que dicho sea de paso están adquiriendo un ritmo bastante acelerado, y en cuanto a la facultad… bueno, sin lugar a dudas mi desempeño en la facultad fue lo que más se resintió con mi estado de ánimo lastimero. No me voy a rasgar las vestiduras por eso, en primer lugar porque no me serviría de nada, y en segundo porque, como sea, en la primera mitad del año aprobé algunas materias, de modo que el no aprobar una en el segundo cuatrimestre no me va a representar un retraso propiamente dicho, sino más bien una suerte de pérdida de lo que vanamente había pretendido adelantar.
En cuanto a mi nuevo trabajo, es algo que nunca esperé que se me presentaría: estoy redactando un manual práctico sobre el reciclado de inmuebles… ¿No es por demás conveniente? Bueno, a mí personalmente el tema me gusta, y aprendo mucho… Y por otro lado estoy escribiendo algo que, en primer lugar, recibe críticas constructivas todos los santos días (lo que agradezco desde el fondo de mi alma, ya que de otro modo me descarriaría), y en segundo, sé que se va a publicar.
De más está decir que me gusta mi trabajo, ¿no?
Lo único malo es que ando con muy poco tiempo, mucho menos que el de costumbre. No he podido leer nada en el transcurso del último mes, y eso me hace sentir como si me faltara algo… como cuando queremos comer algo pero no logramos averiguar qué…
Estaba ojeando hace un momento el último post que había escrito, y me acordé de que al tipo ese que había andado quemando mueblerías lo detuvo la policía poco después. Resultó ser un chino que salía a pasear montado en su bicicleta llevando en el canastito un bidón con combustible. No duró mucho en escena… “una lástima”.
Y ya que estoy en esto… Marcial, muchas gracias por los links que me dejaste; me llamó mucho la atención el que consideraran a Covadló un monstruo… claro que no en todos los sentidos. Me dio “cosita” leer que la autora de ese post había tenido oportunidad de conocerlo personalmente… Yo apenas si consigo hacerme con sus novelas… ¡Buaaaa…!
Pero eso sí, aunque quien hizo esa crítica lo deteste como persona —por las razones que sean—, es casi inevitable acabar emitiendo un juicio favorable de su obra. Personalmente, aún no he leído nada de Covadló que no me haya gustado.
Es una pena que no pueda conseguir más novelas suyas… La última que leí fue “Remington Rand”, y hasta ahí llegó mi suerte. Estoy obsesionada con leer su “Bodrioteca”, pero no creo que lo logre, al menos en el corto plazo.
Por otro lado, ya por necesidad de hallar alternativas de prosa inteligente y sagaz, ya por seguir en el camino de autores que escapan a todos los estándares, andaba también con ganas de leer “Los Sorias” del SEÑOR Laiseca, pero andar corta de tiempo es hablar de impedimentos mayores para encarar semejante empresa, eso sin mencionar que me iba a doler un poco la economía hacerme con el volumen… pero hoy estoy con una sonrisa de oreja a oreja, porque fue uno de mis regalos de cumpleaños…! :D ¡¡¡Siiiiií, lo tengo!!! Y eso me deja a mitad de camino, porque ya le reservé completito el mes de enero.
Ooootro, tema:
O mejor no… El otro día estuvimos todos en casa, como hacía tiempo que no estábamos. La pasamos bien, en una de esas porque es cierto eso de que la familia se lleva y se comunica mejor cuando no se ve a diario… bah, no sé ni me interesa. El caso es que acabamos discutiendo todos —y aclaro que estuvimos “discutiendo” y no “peleando”— acerca de política y cosas así. A propósito de esta “bendita” Cumbre de las Américas… todo lo que tenía para decir lo dije entonces, así que, como ya me desahogué, no los voy a torturar aquí, ¿no?
Y menos mal que ya se terminó.
Ana.
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31/08/2005
Una coincidencia...
(…)
¿Acabará la vulgaridad por cubrir el mundo con su manto monstruoso? Es en tío Emiliano en quien sigo pensando. Claro que he conocido mucha otra gente vulgar, ¡pero es que ésos no eran parientes, carajo! Tío Emiliano era hermano de mi padre. La misma sangre que (¡vaya frase vulgar!) la que corre por mis venas. ¡Cómo no he de sentirme dolido!
Tío Emiliano erigió su imperio de vulgaridad con el beneplácito de una democrática clientela, que las pasiones mezquinas son muy bien acogidas por los paladares plebeyos. Cualquiera diría que este chico es hijo de marqueses, solía exclamar mi madre cuando me oía. Y tenía razón la pobre, porque tal vez quedaba ridículo que el hijo de la portera hablara de modo semejante, quedaba como esos aspavientos con que quieren presumir de finos los de medio pelo que han ascendido a la clase media desde los abismos del proletariado. Pero yo no pretendía fingir finura, que esa actitud es también bastante hortera y de medio pelo. Bueno, sí, un poco sí quería quedar bien ante Teresa, en la época en que estaba muy enamorado. Pero sólo porque entonces ella me tenía encoñado, como suele decirse vulgarmente. Sin embargo, mi odio contra toda esa chabacanería medioambiental no era puro jarabe de pico; era muy auténtico, y fue movido por ese sentimiento —cuya etiología desconozco— por lo que prendí fuego a las mueblerías del barrio del Sagrado Corazón y me dediqué a romper cristales de coches que ostentaban pegatinas de espanto, como por ejemplo “I mi perro”. El espectáculo del mundo cubriéndose de fealdad me ponía frenético, y las mueblerías del barrio del Sagrado Corazón exhibían en sus escaparates unos juegos de dormitorio, living y comedor, todos supuestamente modernos, todos de aglomerado contrachapado, que resultaban francamente insultantes. Yo imaginaba a esas miles y cientos de miles de parejas de novios —pobrecitos ellos— de la clase media baja, extáticos ante las vitrinas los imaginaba, tomados por la cintura y diciéndose cosas como mirá qué cama tan mona, cariño, ¿no te hace ilusión? (y, sin embargo, de la mano de mi desprecio bajaba —bajaba está bien dicho: bajaba desde el cerebro hasta la más baja de las vísceras— una poderosa corriente de excitación que endurecía mi miembro) y, me los imaginaba, asimismo, con muchos años más encima, ya gordos, resignados y exhaustos y desprovistos de aquella antigua y barata ilusión, echados sobre esa misma cama a la hora de dormir, un domingo por la noche… hasta podía oler las emanaciones de los cuerpos y todos los pestazos de esos apartamentos de cuarenta y cinco metros cuadrados que se compran a veinte años con la ayuda del banco (todo se para contribuir a la formación de las familias, de los pueblos, de las naciones, de la humanidad toda). Bueno, y qué tenía que importarme a mí el gusto de los otros. Es que lo que me molestaba era la impúdica exhibición de tanta porquería que después de llamó kitch, me sentía agredido. Mis atentados fueron pura autodefensa. Estopa empapada en gasolina, mucha estopa contra el bastidor de madera de los cristales de esas tiendas infames. Una cerilla justiciera, y la belleza del fuego se comía toda aquella fealdad. Es fácil, muy fácil, pero cuando se lo conté a Carmen, mi enfermera; Carmen, mi amante (en tiempos idos), ella tardó en creerme.
Siempre actué durante horas nocturnas y solitarias; nunca se supo quién fue (bueno, al final lo supo Carmen). Y ahora, al recordarlo, pienso que en aquella época acaso estaba un poco loco. Pero, en fin, sólo tenía veinte años. Actualmente ya no haría cosas semejantes, claro… Pero aún evoco mi rabia ante la vista de los muebles y ante la lectura de las pegatinas, así que no me arrepiento. También es cierto que gozaba con mi doble identidad, pues mi conducta diurna jamás hubiera permitid sospechar que había en mí una suerte de mister Hyde, y gracias a aquellas travesuras descubrí que una personalidad levemente disociada proporciona un grato sentimiento de libertad. De todos modos, nunca quemé una tienda del tío Emiliano: debo reconocer que le tenía algún cariño y bastante agradecimiento, aunque fuera un poco cerdo.
(…)
Fragmento del capítulo tercero de “La casa de Patrick Childers” de Lázaro Covadlo – 1999.
A propósito del caso este del incendiario que anda por a ciudad de Buenos Aires quemando mueblerías y colchonerías… No pude evitar recordar este pasaje…
Ana.
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