21/08/2007

La ansiedad que me vuelve así...

 

Todos estamos un poco a la deriva… la mayor parte del tiempo. No hacemos todo absolutamente con un propósito ni mucho menos pensando antes de actuar, sino que nos dejamos llevar por impulsos que son casi infalibles a la hora de encender el motor que nos mueve por la vida.

Paso el tiempo poniéndole fin a un montón de cosas, a montones de personas, intentando ponerle fin a otro tanto y aferrándome patéticamente a los sueños que no quiero dejar de soñar todavía, a las frágiles simplezas que me sostienen… no sé por qué… ni para qué.

Me pierdo en lugares que no visito, platico con gente que no conozco y me enamoro de seres que distan mucho de la carne y los huesos.

Encontré curioso que, a pesar de todo —a pesar de mí—, me llevo bien con una persona que últimamente me tortura y me presiona… y me hace reír. Por su intermedio tuve conocimiento de algunas otras personas que me hacen pasar buenos ratos cuando nos reunimos, y no me da vergüenza cuando llego al extremo de no poder detener las lágrimas de tanto reír. Me gusta el clima que se crea, y me ayuda enormemente, puesto que este bendito proyecto, a medida que se avecina la fecha, me pone cada vez más inquieta. Tengo el firme propósito de no declinar, de aventurarme de una vez sin pensar mucho más. No sé como explicarlo… es una mezcla de nerviosismo con excitación, con ansia, impaciencia… Ya veremos si sobrevivo a semejante cóctel…

¡Hay, María! Lo que me provoca no es lo que dice, ¡sino el modo en que lo dice!


~ Aquelarre ~

No sé si lo mencioné alguna vez… que soy la más chiquita en la oficina… La persona que menos años me lleva ya cumplió los 43, pero asumo que el simple hecho de que seamos todas mujeres contribuye a achicar muchas brechas. Yo me jacto de tener mis propias convicciones acerca de muchas cosas en la vida, pero acepto que mucho de lo que viven o han vivido mis compañeras me pone a pensar.

Ya había comentado que el clima es bastante afable en el trabajo, si bien a veces ando con los cables pelados porque las responsabilidades que han ido delegando en mí, no diré que me superan, pero sí que me agobian. En tanto la experiencia me ha hecho comprender a la perfección cuando debo dejar pasar como el aire algunas de las cosas que se le antojan a mi jefe que es un obsesivo y plantear yo misma las prioridades de lo que hay que hacer primero…

Pero ya me estoy yendo por las ramas. Ya veré si les cuento de mi jefe, que es todo un personaje, en alguna otra oportunidad.

A lo que quería llegar era a una situación que se ha venido planteando desde hace varias semanas… una suerte de camaradería… o un aquelarre más bien, destinado a aflojar las tensiones con un poco de crítica maliciosa. Sí, me estoy volviendo re-mala… pero sepan disculpar, he estado sometida a mucha presión.


Objetivo N°1: Silvia

Cuando llegó, me sentí de bien…! Lo cierto es que a la mayoría le cayó mal de entrada, pero yo andaba en una nube por haberme liberado de la espantosa tarea de atender el teléfono… y ahora caigo en que mis compañeras brujildas tenían razón. Si una le encarga algo (yo me paso la mayor parte del día en las obras, de modo que si alguien llama a la oficina y pregunta por mí corresponde que le redirecciones a mi celu o que le tomen el mensaje y me lo pasen), no puede confiar en que lo haga, toma mal los mensajes, o no los pasa, se queja porque tiene que trabajar los sábados, porque después de ver lo que gano yo que trabajo sólo de lunes a viernes y me voy una hora y media más temprano para asistir a clase, se siente algo así como ultrajada, pero resulta que se pasa el día entero conectada al MSN y atendiendo mensajitos de una web de esas en las que la gente concierta citas… mientras yo, como todo el resto, corro para que el trabajo del mes se haga a tiempo y pueda seguir yéndome a la hora que me haga falta.

Esas cosas me molestan. Yo no me fijo en lo que ganan los demás para evaluar si estoy bien o mal posicionada… y es que no corresponde. Uno mismo debe ponerle precio a su trabajo, y eso no sale de ninguna comparación, sino de la propia estima. Así que me sumo al aquelarre porque si bien no estorbamos, al menos nos desahogamos y nos reímos un rato:

Esta semana supo presionar a un candidato para concertar una cita, y para qué se lo habré contado a Cris que a la salida la siguió como una espía para verle la cara al fulano.

Cris: —No lo pude ver… Se tomó el subte para el lado de La Chacarita y taaanto no la iba a seguir…
Ana: —Bueno, me contó que era, por lo menos, cinco o seis años más viejo que en la foto que le había mandado… No me animé a preguntarle si era pelado, porque no me iba a poder quedar seria.
Cris: —¡Guacha! ¿Pero qué te contó?
Ana: —Que la cosa no funcionó. El fulanillo está separado, se está divorciando, tiene dos hijos de 14 y 19 años… y no tenía muchas ganas de encontrarse así, porque anda peleando la tenencia de los hijos y si no la gana va a tener que mantener a mujer también.
Lau: —¡Jajajaja! Los hombres sienten el olor de la desesperación y rajan!
Cris: —Cierto, cuando la seguí, vi como se iba perfumando por el camino…
Lau: —Pero si al mediodía hasta medias se compró!
Ana: —No! Pero si andaba con pantalones…
Lau: —Y… se los pensaría sacar… jeje…
Cris: (palmea mi espalda) —Hay chiquita, chiquita…

(…y para muestra basta un botón…)


Objetivo N°2: El viejo de la puerta

Resulta que el lugar donde trabajo tiene salida directa a la calle; es un lugar muy expuesto (propio para la actividad de que se trata) y se hace mucha atención al público, por eso el seguro exige que tengamos al “Viejo de la puerta”.

Este personaje es de por sí bastante peculiar… se la pasa con la radio en la oreja escuchando partidos de fútbol repetidos y gritándole a los autos que pasan y hacen mucho ruido o tiran mucho humo… Yo admito que el que hace es un trabajo fulero… pero el tipo no está bien de la cabeza. Se me ocurre que un día de estos aparecemos todos en Crónica “homicidiados” por este viejo.

Pero la cuestión no termina ahí, sino que hemos hecho el triste descubrimiento —y no podía ser de otra manera— de que el viejo no se baña en invierno. “Usíase”, que se pone unos ungüentos fétidos para palear los resfríos día tras día encima de la cochambre que acumula… De la ropa ni hablemos, que en meses jamás se llevó el uniforme para lavar. De modo que al mediodía, se acomoda en la pequeña cocina, secuestra el tacho de basura para poder comer encima de él de modo que las migas caigan directamente donde corresponde para no tener que limpiar luego la mesa, y se encierra con su radio y una tasa de esas sopas instantáneas que me recuerdan tanto a los menjunjes que mi madre nos hacía comer cuando era chica y estaba enferma. Se imaginarán los que sale de ahí cuando termina de almorzar…

Ah… La Lau hizo otro descubrimiento interesante: El viejo le anda atrás a “La Silvia”, la llena de atenciones: caramelos, bombones, un cuarto de pollo asado, sándwiches variados, yogurt… El día que se fue a comprar las medias para su cita —pobre, me dio pena— andaba rezongando de lo más contrariado paseando la vianda de acá para allá, pispando a ver si volvía a tiempo para almorzar.

Sin palabras.


~ Onda Retro ~

Contando las horas para por fin ir a ver a “Los Gatos”.

¿Nunca les dije que amo a Lito Nebbia? Es uno de mis tantos amores platónicos… jajaja!

Me sorprende el hecho de que todavía recuerde la letra de tantas canciones… Si habremos jugado mi hermano y yo con ese viejo Winko a transformar a cualquier intérprete en el grupo de “Las Ardillitas”…

“La chica del paraguas, Un día de fiesta, El vagabundo, El rey lloró, Ayer nomás”… Sí, me entró el viejazo, y el jueves me voy con mi viejo a cantar un poco… Nadie más se nos unió…


Ana.

16/07/2007

Torpe...

“Son los problemas de los demás, no los míos”. Así es como me gusta, poder desconectarme de los problemas y ser completamente estúpida por unos instantes, platicar acerca de zonceras y reírme de la nada, como cuando compartíamos “nuestro tiempo”. Extraño ese tiempo de sentarnos frente a la TV a ver programas que no me entusiasmaban, molestarle para que me explicara de qué iba la historia cuando no me interesaba nada más que verle aquella expresión de irritación fingida pintada en la cara… Las escapadas a Reta en invierno, a pescar y a cagarnos de frío porque éramos —y quiero pensar que aún somos un poco así— unos completos insensatos. Hacíamos muchas cosas sin tener una razón y el tiempo era infinito, y enfermarse eran vacaciones con servidumbre cuando el doctor mandaba a alguno de los dos a la cama, y qué si saltábamos frenéticos sobre el colchón con treinta y ocho de fiebre cuando se suponía que estábamos haciendo la tarea, y qué si nos pegábamos al teléfono esa hora religiosamente cuando habíamos estado juntos todo el día en el colegio, y qué si por alguna fuerza peculiar, intangible, no podíamos hacer nada sin que lo supiera el otro…


¿Por qué será que no nos damos cuenta de nada a tiempo?


¿Y por qué carambas me cuesta tanto decírselo a la cara?


Se me ocurre que ha de ser por la misma razón que no nos decimos muchas cosas. ¿Y para qué? No hay una necesidad real de ponerle nombre a estas cosas, ¿o sí?


Baste con que sepa que cuando estamos juntos la inmadurez se nos potencia y me permito ser completamente despreocupada. Que estar en una misma habitación, o en cualquier otro lugar respirando el mismo aire, me libera de esta conciencia perniciosa y me hace sentir que estoy tomando un recreo de la vida… o que por un momento me permito realmente vivir un poco…


Ése, el que me queda… el excepcional… Si pudiera lo guardaría en mi bolsillo y lo llevaría conmigo a todas partes para que me dijera guarangadas al oído cuando se supone que debo poner cara seria, para que esos que le roban las sonrisas cada vez que pueden, esta vez no lo encuentren…


¿Y qué puedo hacer si son tan grandes las ganas que tengo de ponerme a llorar? No era yo quien se suponía que era fuerte… no sé cómo cubrir ese papel. ¿Y qué diría él? Un “tonta, te lo dije”, pero a mí, con toda la arrogancia que me es habitual, simplemente no me sale.


¡Maldita impotencia, yo también lo voy a extrañar! A mí también me hacen falta un regaño y un abrazo, de esos que aflojan el pecho…


Ana.

29/05/2007

Frío con sol...


Quiero muchos días así. Tengo muchos buenos recuerdos de días así. Paseos, almuerzos con gente que me estimula… y con comida que disfruto… No sé si lo dije alguna vez, pero me encanta comer, es uno de los mayores placeres que tiene esta vida. Lamentablemente, vivo restringiendo estos placeres, de otro modo andaría por el mundo rodando… pero de cuando en cuando me descontrolo, y debo reconocer que lo paso de lo más bien.

Pero volviendo a lo de los días soleados y fríos y a los momentos memorables que traen aparejados para mí, el otro día me hicieron algunas observaciones que me dejaron bastante sorprendida, y es que nunca había pensado en ello, y si lo considero un momento con cierto detenimiento caigo en la cuenta de que es extrañamente cierto, si bien prefiero pensar que no se trata de otra cosa que una coincidencia, bastante peculiar, sí, pero coincidencia al fin y al cabo.

Lo primero es que, por más que busco y rebusco en m memoria, me cuesta horrores encontrar recuerdos de días nublados. Incluso los recuerdos más tristes de mi vida son de acontecimientos acaecidos en días soleados y frescos. Por supuesto no tomo en cuenta sino lo relevante, pero lo que dejo de lado es realmente poco en un sentido más bien comparativo.

Pero no fue eso lo que más llamó mi atención, sino un comentario que salió como si nada, así como si se tratara de algo sabido y recontrasabido por todo mundo que pulula a mi alrededor y que ha tenido la dudosa suerte de tomarme cierta simpatía.

La cuestión principal es que he caído en la cuenta de que hace mucho tiempo que no me enamoro. Eso es raro en mí, porque por lo general siempre hay alguien alrededor que me llama la atención particularmente, más allá de que “la cosa” llegue a funcionar o no. Cuando uno siente atracción, por lo que sea o por quien sea, suele tener más energías, una expectativa extraña; atraviesa un estado de inquietud, impaciencia y nerviosismo que hace que la sangre fluya mejor en las venas, que los días se perciban más cortos… Y eso es lo que no me pasa desde hace bastante.

En algún momento comenté un episodio que me había hecho sentir bastante fuera de lugar… Un par de días después hablamos y cuando la conversación se encaminó hacia aquél episodio le puse punto final al asunto y la cosa murió ahí, en mi completo e involuntario desapasionamiento. Luego, esta semana, una buena amiga mía me dijo que era sabido que no iba a funcionar, que porque “él” era diestro y a mí me gustaban zurdos…

Curioso, pero en mi vida había reparado en que nunca llegué más allá de las conversaciones tontas con alguien diestro. ¡Nunca se me ocurriría fijarme con qué mano escribe una persona para basar en eso si me gusta o me deja de gustar! En fin… sin palabras.



Y ahora, volviendo al frío… Me pasé el último fin de semana largo en cama con fiebre. Hoy me sentí un poco mejor, así que hice un amago de ir a trabajar, pero en cuanto me vieron la cara me mandaron a casa de nuevo. Qué bueno, porque el médico no opiaba que fuera necesario… así que me vino bien porque no tenía mucho para hacer.

Y hablando de cosas para hacer… Resulta que hay descontento en el trabajo por el pobre desempeño de una de mis compañeras a quien, según parece, estuvieron a punto de despedir a finales de abril. A todo esto, yo tengo más trabajo que nunca, y teniendo en cuenta que en general hay más trabajo que de costumbre, y que aparentemente se han hecho buenos comentarios acerca de mi desempeño cuando se trata de resolver problemas con gente de pocas pulgas, mis jefes decidieron liberarme un poco de las tareas administrativas para que haga más relaciones públicas, por decirlo de alguna manera, así que “me pusieron una ayudante”. Y no soy yo quien lo dice de esta manera, puesto que la semana pasada vino mi jefa y me preguntó: ¿Qué tal tu ayudante?

La verdad, me siento rara con la situación. La señora es de lo más educada, respetuosa y amable, y me da “cosita” tener que decirle lo que tiene que hacer, más que a estas alturas del mes no hay mucho en lo que me pueda colaborar, así que “se la presto” a Cris para que chusmee un rato con ella también =)

Pero en lo serio, lo cierto es que le estoy enseñando a llevar todas esas tareas endemoniadas porque no sé si voy a perdurar mucho más en este trabajo. Resulta que tengo un objetivo que ocupa un lugar en mi escala de prioridades bastante por encima de lo que significa el trabajo. Si alcanzo ese objetivo, impostergable objetivo puesto que he aprendido a lo largo de los años que cierto tipo de oportunidades no deben dejarse pasar nunca, ya veremos si la situación da para que me quede o me vaya definitivamente. Pero eso sí, en buenos términos, porque es lo que corresponde y amerita.



Ahora, cambiando de tema: Tengo nueva obsesión! Sí, qué bien! Me encanta encontrar en mi camino cosas así. Por suerte para mí, encontré un preciosa lista de libros de Luís Fernando Veríssimo para descargar en internet, todititos en su idioma original; así que me estoy empachando con sus cuentos y sus novelas, y siempre quiero más. Si tienen oportunidad, son muy recomendables “O opositor”, “Banquete com os deuses”, “O jardim do Diablo” y “O Clube dos Anjos”… Reconozco que todo cuanto he leído de este autor me ha gustado muchísimo, sí… tanto que me pregunto ¿cómo no lo descubrí antes?

“Lucídio não é um dos 117 nomes do Diabo, nem eu o conjurei de qualquer profundeza para nos castigar. Quando falei nele para o grupo pela primeira vez, alguém disse "Você está inventando!" Mas sou inocente, até onde um autor pode ser inocente. As histórias de mistério são sempre tediosas buscas de um culpado, quando está claro que O Encontro o culpado é sempre o mesmo. Não é preciso olhar a última página, leitor, o nome está na capa: é o autor. (...) Eu e Lucídio somos os únicos sobreviventes desta história, e se eu não o inventei, e como são poucas as probabilidades de ele ter me inventado, o claro culpado é ele, já que era o cozinheiro e todos morreram, de uma forma ou de outra, do que comeram. Se o inventei, a culpa é toda minha. Não posso nem alegar que, se Lucídio é inventado, toda a história é inventada, e portanto não há crimes nem culpados. Ficção não é atenuante. Imaginação não é desculpa. Todos nós matamos em pensamento mas só o autor, esse monstro, põe seus crimes no papel, e os publica. Se não matei meus nove confrades e irmãos em obsessão, sou culpado da ficção de tê-los matado.”

—Extracto de “O Clube dos Anjos”.—


~ Clases de idioma Japonés ~

Ahora, con profesor nuevo... y “staccabile” (de bolsillo). Es un señor pequeñito al que hay que ponerle el 900% de la atención que el cuerpo y la mente puedan brindar, porque habla todo mezclado y cuela razonamientos y comentarios en japonés a un ritmo que no estamos acostumbrados… Es exigente, pero también muy amigable y hasta cómico. El primer día nos pegó duro y cuando alguien no supo responder alguna pregunta, lo llamó “cerebro de tiburón”…

P: — ¿Responde… o cerebro de tiburón?
E: — Eh… Hum…
P: — No estudió. Cerebro de tiburón!... —Mira al resto de la clase y pregunta— ¿Cómo es cerebro de tiburón? —Nadie responde, entonces hace un gesto con el pulgar y el índice y sonríe— Chiquiiito…

Después de episodio semejante difícil sería que me creyeran que es un sensei adorable, pero es que lo es… aunque escribe horrible y cuesta lo indecible leer lo que escribe en el pizarrón.


~ Clases de idioma Chino ~

Insisto: Cada día me gusta más estudiar este idioma. Las clases son muy cómicas, sobre todo cuando no entendemos algo y el profesor parece estar al borde del pánico. A veces pienso que si él pronunciara el castellano un poco más claramente, entonces comprenderíamos los ejemplos con mayor rapidez… Pero aún así considero que las cosas están bien así como están, porque si no, no tendría ninguna gracia, es decir, si el profesor no fuera chino y pronunciara el castellano a la perfección, entonces nunca podríamos aprender a hablar chino correctamente, lo que es, desde el vamos, condenadamente difícil para todo aquel cuya lengua madre no sea el chino.

Por otro lado, hay un proyecto que me hace mucha ilusión con respecto a todo esto, del cual no diré más que eso, pero que me ha hecho ponerle más esfuerzo, lo que, modestia aparte, me ha granjeado repetidas felicitaciones por parte de mis profesores.

Ajajaja… hasta me aprendí una que otra canción… Altamente recomendable entrenar el oído con música, porque este idioma tiene muchos sonidos que se asemejan demasiado entre sí. Definitivamente.


Noche fría… por fin se me hizo la hora de tomar el remedio… y a la cama.

Saludos,


Ana.

25/03/2007

Anécdota de Subte

 

«—Posiblemente hoy no vaya. Estoy harto del viajar apretujado en el subte. Y me revienta lo sucia que es la gente. El otro día viajaba temprano y el vagón estaba impecable de limpio; al rato se sube una vieja con la tarjeta del pasaje en la mano, la mira y la da vueltas un par de veces y al final la tira al suelo como si nada, la muy sucia. ¡Las estaciones están llenas de tachos para tirar la basura y la vieja esa se sube al vagón nada más para tirar su mugre! La miro con insistente cara de culo, ella me ignora hasta que ya no puede, y entonces miro el papel que tiró y la miro ella alternadamente. Entonces, parece que por fin se da cuenta y me hace “así” —se encoge de hombros—, como diciendo “lo tiré, sí, ¿y qué?” Y yo pienso: “vieja del orto”…Estaba sentada junto a la puerta, y yo me levanté para bajar antes que ella, entonces, como un regalo del cielo, me empezó a doler el estómago, y justo cuando el tren aminoraba la marcha, hice un poco de fuerza y me tiré un pedo justo al lado de la cara de la vieja, un pedo de amargo, que suerte que yo me bajaba porque si no, me suicido… Le alcancé a ver la cara de asco que ponía, toda fruncida, y cómo se apartaba como en cámara lenta, sin decir nada… Me reí de eso por el resto de mañana…»


Este JC, debe ser el enemigo N°1 de las “viejas”… Miren con qué clase de gente me relaciono… demasiado buena soy. Ja ja ja ja ja…!


Ana.

19/02/2007

Con vida... o sin ella. ¿Qué diferencia hay?

En la recta final…
(Diciembre de 2006)


Veamos… Que he estado casi “demasiado” ocupada no es novedoso. Desde que Bea se fue he tenido más trabajo, más responsabilidades… No me siento mal con eso, sigo aprendiendo cosas, y mi relación con algunas personas se ha ido haciendo un poco más… ¿suelta? Sí, así podría decirse.

Aprobé el examen anual de japonés, así que en 2007 voy a reencontrarme con viejas amistades… El Nihongo Noryouku Shiken ya es otra cuestión; puesto que no tendré los resultados sino hasta marzo. Trato de no pensar en eso porque, si no, me pongo mal. ¡Odio tener que esperar los resultados de los exámenes! ¿Pero qué puedo hacer al respecto?

Ahora estoy con más trabajo que nunca, pero afortunadamente mis vacaciones están anunciándose casi de manera gradual. Los cursos anuales y cuatrimestrales están terminados, sólo me quedan las clases de mandarín para entretenerme en el verano, los jefes salen de viaje en un par de semanas y pocos días después cerramos la oficina por vacaciones, si bien yo me quedo de guardia. Eso no me pesa, porque entonces no hay teléfonos sonando todo el tiempo, ni gente tediosa a la que soportar, además, las labores se cumplen a jornada “bastante” reducida, por no decir “como se me de la gana”… Y lo bueno de todo esto es que cuando todos vuelvan van a estar como locos, mientras que yo saldré de vacaciones en plena actividad y a mi regreso las cosas estarán marchando como si nada. La verdad, no soportaría salir de viaje al mismo tiempo que todos los demás, porque al volver recuperaría todo el estrés en apenas una semana y mis vacaciones acabarían siendo en balde.

Pero bueno, ahora a otra cosa.

Durante todo diciembre… y parte de noviembre también, he venido recopilando anécdotas y reflexiones acerca de las personas que me rodean… y de las que ya no, también. Tristemente, me doy cuenta que la gran mayoría de esas “ausencias” no me pesa, y cuando digo que siento esta situación como algo triste, me refiero a que me observo a mí misma como una personas, tal vez, demasiado fría.

Y claro, si las personas que me molestaban todo el tiempo ya no están, entonces me pongo contenta más allá de que sea capaz de reconocer que no eran malas personas ni mucho menos, pero que me molestaban, muy posiblemente, sin tener necesidad de dirigirme la palabra siquiera.

Hubo una época en que me tomaba el trabajo de al menos intentar conocer a todas esas personas; y en más de un caso lo descubierto valió realmente el esfuerzo. Descubrí tesoros… y no estoy exagerando… Pero ahora resulta que me cansé de hacer descubrimientos.

Hace rato que, sin haberlo decidido ni mucho menos, ando por la vida resolviendo situaciones (bien o mal) en tiempo real, a medida que se me presentan. Y es que no tengo tiempo para mucho más.

En Buenos Aires hace demasiado calor… y eso tiende a hacer empeorar mi acostumbrado mal humor…

Cosa rara, la última semana del año la oficina fue un completo caos puesto que tantos feriados no nos daban tiempo para terminar con el programa del mes, el pasado viernes hice el trabajo de tres días completos, llegué a la oficina como hora y media más temprano para así no arriesgarme a “no poder salir a horario”. En fin…




(Febrero de 2007)

Cinco días nada más faltan para que parta rumbo a la playa… otra vez.

En Buenos Aires “continúa” haciendo demasiado calor…



(Febrero de 2007 – Ya de regreso)

La despedida: con un tormentón que hizo que todo se removiera.

La verdad, me gustó. Salvo por los “charcos hediondos” que debimos atravesar para llegar a la playa cuando salió el sol.

He nadado como un pez… Hacía tiempo que no disfrutaba tanto la playa y, sobre todo, el agua. Creo que es cuestión de predisposición. Está bien que los días fueron buenos, pero no me habría importado que hiciera frío o que el viento me llevara, de todos modos me habría adentrado en las aguas. Ah…! Me siento un poco mas humana ahora.

Algo que continúa haciéndome reír a pesar de haberlo leído incontables veces (sí, nunca me cansa): El protagonista de “Memorias del subsuelo”. Es que no puedo contenerme y me río sola como una loca… Esa escena cuando insulta a todos sus “ex-camaradas” y acaba pidiéndole seis rublos prestados a Simonov antes de que se vaya… Es de no creer! ¡Y la contienda silenciosa que mantiene con Apolonio! ¡Y cuando rompe a llorar porque cae en la cuenta que todas sus maquinaciones no son más que extractos de obras que ha leído! Después de eso hasta le pega al cochero y juro que se me saltan las lágrimas. Es, sencillamente, magnífico.

Hacía algún tiempo que no me “regalaba” el tiempo para volver a leer a Dostoyevski, y lo estaba necesitando.

~ *** ~

Ya me estoy yendo… y mentiría si supiera hasta cuándo. Me asombra el tiempo que ha pasado desde la última vez que actualicé este blog.

Me disculpo con quienes lo leen, por no haber dado señales de vida los últimos meses. Pero han de saber que mi rutina no me deja mucho tiempo para nada más…


Ana.