15/09/2008
我只是在这儿...
Suele haber mucho más de lo que las personas ven, ahí en donde los sueños se ocultan de la conciencia… Fui y vine… y en mi mente sigo partiendo día con día, y hacía un tiempo considerable que no sentía nostalgia semejante. Es fácil ―demasiado― acostumbrarse a lo bueno, sépanlo… pero hay cosas que se merecen toda la nostalgia por ser vividas aunque sea sólo una vez.
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De las peripecias vividas ya escribiré, supongo… y es que son como un tesoro para mí, una miríada de sensaciones que permanecen vívidas en mí. Baste con decir que fue el invierno más frío de los últimos cuarenta años y que aún así fueron los días más cálidos que recuerdo desde que era una mocosa y apenas me daba cuenta de lo que pasaba a mi alrededor.
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Definitivamente, de mi viaje por China, contaré las anécdotas a medida que la inspiración se apiade de mi insignificante persona y me salga al encuentro, por ahora diré apenas que me muero de ganas por volver para ver más y reencontrarme con todo lo que ya he visto, pero vestido con los colores de las cuatro estaciones y, sobre todo, reencontrarme con esas personas que me hicieron sentir tan bien y en las que, muy a mi pesar, no puedo dejar de pensar cada día desde que volví a pisar suelo argentino. Las amistades nuevas forjadas en la “adversidad” de intentar comunicarse con las personas en las ciudades del interior donde apenas si un mínimo porcentaje de la población chapucea algunas palabras en inglés son una ganancia aparte, de valor incalculable; la felicidad de pisar por fin esa tierra que queda al otro lado del planeta es incomparable a cualquier otra porque es haber alcanzado ese lugar “inalcanzable” al que soñaba con llegar desde que tengo uso de razón, y el primer logro, ese de haber llegado solita a Chengdu luego de perder el avión en Shanghai por culpa de la gente de Air Canada que extravió mi valija, ―yo en China y mi equipaje solito en Toronto…― misma que logré recuperar(eso sí, 48 Hs. después, ya en Chengdu), luego de una inolvidable conversación en fluido “chinglés” con el dependiente del aeropuerto, un chinito diminuto y feo pero toda amabilidad… Ah…! Esas experiencias hacen que una se sienta verdaderamente capaz de hacer las cosas por sí misma… la emoción de descubrir que “de verdad” podía establecer una comunicación ―un tanto precaria sí, pero comunicación a fin de cuentas― con cualquier alma de por ahí que no entendiera ni pizca de inglés, está total y definitivamente fuera de escala.
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Han sido muchos los cambios en estos últimos meses… la separación de mis viejos, la compra de una nueva casa, la mudanza después de haber vivido los últimos veinte años en el mismo departamento… debo decir que el viaje también me resultó útil en la transición, pues pasarme dos meses al otro lado del planeta antes de instalarme en esta nueva casa que, por si fuera poco, queda al otro extremo de la ciudad, me ha ayudado bastante a desacostumbrarme del barrio, de la gente y de aquel asfixiante departamento.
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Y hay todavía más cambios… dejé de estudiar con mis profesores de siempre, porque después de semejante experiencia en la que todo el día era, ya no de estudio sino de incorporación de conocimientos, caí en la cuenta de que no soportaría tener que seguirle el ritmo a mi última compañera de clase que estaba llena de problemas de horario y asistía con suerte a la mitad de las clases y me obligaba a retomar las lecciones pasadas cada vez que decidía hacer acto de presencia. Este año me anoté en el Centro Universitario de Idiomas de la UBA, y no pude haber tomado decisión más acertada. Ahora todo depende de un programa preestablecido que debe cubrirse sí o sí, cada cuatrimestre cambia el docente asignado, cosa que ayuda mucho a entrenar el oído, y tengo un montón de compañeros de estudio, lo que hace que las cosas más divertidas.
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Y algo más… ¡por fin encontré un coro cuyos horarios de ensayo no me complican la existencia!
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Antes de fin de mes tenemos debut, así que estamos ensayando muy, pero muy seriamente. No hay mejor forma de alzar la voz que cantando, sí señor… o al menos no resulta absurdo, y es una manera tan buena como cualquier otra para canalizar energías que las horas de oficina acumulan de forma negativa en mi pobre cervical.
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Y hablando del trabajo… tengo que cambiar de trabajo… Hacerlo ya es una completa y verdadera necesidad. Con mis jefes, todo bien, y hasta con Bolde andan bien las cosas… pero necesito un cambio de aire… y ganar más dinero, por supuesto, y la única manera de hacerlo es trabajar en una empresa que me permita escalar posición, pes donde estoy ya no puedo crecer más… En fin, que estos son tiempos difíciles para arriesgarse, pero calculo que pasado el verano a más tardar por fin he de hacerlo.
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~ Cambio de tema ~
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Lecturas recientes: muy pocas, por desgracia… pero todas muy gratas para mí. Una de las destacadas es “Sebastopol”, altamente recomendable, emotiva, viva. Adoro ese estilo, lo amo. Una llega a conocer en profundidad a los personajes, a intentar cuando menos calzase sus zapatos por un breve instante e intentar sentir lo que ellos sienten, su miedo, su estupidez, su absurdo y a la vez necesario e invalorable patriotismo, más allá de las razones por las que cada uno de ellos hace lo que hace o lo deja de hacer.
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Otro destacado es un autor nuevo para mí: Haruki Murakami y su “Sauce ciego, mujer dormida”, un libro de cuentos bastante peculiar pero que me ha dejado muy buen sabor de boca. Algunos de sus cuentos, como “El hombre de hielo”, “La tía pobre” y “El mono de Shinagawa” son simplemente geniales, y el estilo del autor es tan fresco en su novedad para mí que realmente lo amé.
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Ahora, si la cervical me lo permite… o si encuentro antes un acupunturista, leeré por fin, aunque en versión ebook ,“Criaturas de la noche” de uno de mis autores favoritos, Lázaro Covadló. Los que me conocen saben bien que adoro ese estilo que tiene tan… “libre” y tan “franco” para contar. Es de esos escritores que no le tienen miedo a nada y se animan a poner en papel cualquier idea que les pase por la mente sin importar lo bizarra que pueda llegar a ser. Y es que no serán todas genialidades las que escriba, pero como me dijo alguien muy querido y respetado alguna vez, <<Hasta en las novelitas de bolsillo pueden encontrase a veces, cuando menos, una frase o idea de cierto valor para rescatar…>>
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Ahora bien, en cuanto a la música, mi gusto está cada día más extraño. Hace un par de meses fui con mi viejo a ver al dúo “Vivencia”. Me cuesta creer que un par de las canciones que cantaron fueron capaces de llevarme a otros tiempos de mi vida, tiempos que ya casi tenía olvidados, en los que todo era mucho más fácil… en los que apenas si tenía uso de razón, así de chiquitita era.
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Por otro lado volví de China con varias canciones en la cabeza. Conseguí comprar varios discos de Wu Yue Tian (unos taiwaneses re “shingleros” pero que me encantan), el último CD de FIR, y algunas otras cosillas del mundo del Jazz… También una obra destacada del clásico de autoría china, “The butterfly lovers”, cuya melodía tiene la capacidad de llegarle a uno a la mismísima médula… cada vez que la escucho se queda en mi mente por días, es como un efecto residual, aunque grato más allá de la nostalgia que me hace sentir.
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Finalmente, en Shanghai incluso pude adquirir algunos CD’s originales de L’Arc~en~Ciel y otros artistas japoneses a los que hasta entonces sólo podía acceder en versión mp3 y gracias a internet.
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Ah…! Definitivamente, nada es suficiente cuando se encuentra una en una tienda enorme, rodeada de todas esas cosas que creía inalcanzables. Dan ganas de comprarse todo. Lástima que haya que medirse mucho con las compras, pues después se complican demasiado las cosas a la hora de hacer el equipaje… y no hablemos de las tasas que cobran los aeropuertos por exceso de equipaje… -___-“
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Pero bueno, basta ya de estas cosas! Más que evidente es que me muero de ganas de volver a escapar de la rutina. Estoy estudiando como loca, con entusiasmo renovado. En cuanto tenga los conocimientos suficientes, me desvaneceré de la vida de aquellos que apenas si fingen los “gracias”. Hay que aprender a ser un tanto despiadado para alcanzar lo que se quiere y no detenerse en consideraciones por aquellos que comparten nuestro tiempo apenas circunstancialmente. Vale más ―infinitamente más― la llamada de esa amiga excéntrica que se banca mis excentricidades y desapariciones y con la que nos vemos siempre que nos necesitamos y cuya amistad no nos ha generado dependencia a pesar de haber superado la década, que cualquier falsa lealtad a un maestro, a un compañero de trabajo o a un empleador por llevadero que sea el día a día. Los extrañaré a todos, sí, pero se me va a pasar.
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Todavía no me decido a publicar fotos del viaje… o de “esas cosas que suelo ver por ahí” y que muchas veces no sé muy bien como describir… Pero acá les va un retrato de mi Huan-Huan! ¿No es simpático? Saludos,
Ana.

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Comentarios
Hola Ana! Yo también estoy en el Centro Universitario de Idiomas de la UBA, más precisamente en Filo.
Saludetes mostros.
Anotado por: El Mostro | 24/09/2008
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