21/08/2007
La ansiedad que me vuelve así...
Todos estamos un poco a la deriva… la mayor parte del tiempo. No hacemos todo absolutamente con un propósito ni mucho menos pensando antes de actuar, sino que nos dejamos llevar por impulsos que son casi infalibles a la hora de encender el motor que nos mueve por la vida.
Paso el tiempo poniéndole fin a un montón de cosas, a montones de personas, intentando ponerle fin a otro tanto y aferrándome patéticamente a los sueños que no quiero dejar de soñar todavía, a las frágiles simplezas que me sostienen… no sé por qué… ni para qué.
Me pierdo en lugares que no visito, platico con gente que no conozco y me enamoro de seres que distan mucho de la carne y los huesos.
Encontré curioso que, a pesar de todo —a pesar de mí—, me llevo bien con una persona que últimamente me tortura y me presiona… y me hace reír. Por su intermedio tuve conocimiento de algunas otras personas que me hacen pasar buenos ratos cuando nos reunimos, y no me da vergüenza cuando llego al extremo de no poder detener las lágrimas de tanto reír. Me gusta el clima que se crea, y me ayuda enormemente, puesto que este bendito proyecto, a medida que se avecina la fecha, me pone cada vez más inquieta. Tengo el firme propósito de no declinar, de aventurarme de una vez sin pensar mucho más. No sé como explicarlo… es una mezcla de nerviosismo con excitación, con ansia, impaciencia… Ya veremos si sobrevivo a semejante cóctel…
¡Hay, María! Lo que me provoca no es lo que dice, ¡sino el modo en que lo dice!
~ Aquelarre ~
No sé si lo mencioné alguna vez… que soy la más chiquita en la oficina… La persona que menos años me lleva ya cumplió los 43, pero asumo que el simple hecho de que seamos todas mujeres contribuye a achicar muchas brechas. Yo me jacto de tener mis propias convicciones acerca de muchas cosas en la vida, pero acepto que mucho de lo que viven o han vivido mis compañeras me pone a pensar.
Ya había comentado que el clima es bastante afable en el trabajo, si bien a veces ando con los cables pelados porque las responsabilidades que han ido delegando en mí, no diré que me superan, pero sí que me agobian. En tanto la experiencia me ha hecho comprender a la perfección cuando debo dejar pasar como el aire algunas de las cosas que se le antojan a mi jefe que es un obsesivo y plantear yo misma las prioridades de lo que hay que hacer primero…
Pero ya me estoy yendo por las ramas. Ya veré si les cuento de mi jefe, que es todo un personaje, en alguna otra oportunidad.
A lo que quería llegar era a una situación que se ha venido planteando desde hace varias semanas… una suerte de camaradería… o un aquelarre más bien, destinado a aflojar las tensiones con un poco de crítica maliciosa. Sí, me estoy volviendo re-mala… pero sepan disculpar, he estado sometida a mucha presión.
Objetivo N°1: Silvia
Cuando llegó, me sentí de bien…! Lo cierto es que a la mayoría le cayó mal de entrada, pero yo andaba en una nube por haberme liberado de la espantosa tarea de atender el teléfono… y ahora caigo en que mis compañeras brujildas tenían razón. Si una le encarga algo (yo me paso la mayor parte del día en las obras, de modo que si alguien llama a la oficina y pregunta por mí corresponde que le redirecciones a mi celu o que le tomen el mensaje y me lo pasen), no puede confiar en que lo haga, toma mal los mensajes, o no los pasa, se queja porque tiene que trabajar los sábados, porque después de ver lo que gano yo que trabajo sólo de lunes a viernes y me voy una hora y media más temprano para asistir a clase, se siente algo así como ultrajada, pero resulta que se pasa el día entero conectada al MSN y atendiendo mensajitos de una web de esas en las que la gente concierta citas… mientras yo, como todo el resto, corro para que el trabajo del mes se haga a tiempo y pueda seguir yéndome a la hora que me haga falta.
Esas cosas me molestan. Yo no me fijo en lo que ganan los demás para evaluar si estoy bien o mal posicionada… y es que no corresponde. Uno mismo debe ponerle precio a su trabajo, y eso no sale de ninguna comparación, sino de la propia estima. Así que me sumo al aquelarre porque si bien no estorbamos, al menos nos desahogamos y nos reímos un rato:
Esta semana supo presionar a un candidato para concertar una cita, y para qué se lo habré contado a Cris que a la salida la siguió como una espía para verle la cara al fulano.
Cris: —No lo pude ver… Se tomó el subte para el lado de La Chacarita y taaanto no la iba a seguir…
Ana: —Bueno, me contó que era, por lo menos, cinco o seis años más viejo que en la foto que le había mandado… No me animé a preguntarle si era pelado, porque no me iba a poder quedar seria.
Cris: —¡Guacha! ¿Pero qué te contó?
Ana: —Que la cosa no funcionó. El fulanillo está separado, se está divorciando, tiene dos hijos de 14 y 19 años… y no tenía muchas ganas de encontrarse así, porque anda peleando la tenencia de los hijos y si no la gana va a tener que mantener a mujer también.
Lau: —¡Jajajaja! Los hombres sienten el olor de la desesperación y rajan!
Cris: —Cierto, cuando la seguí, vi como se iba perfumando por el camino…
Lau: —Pero si al mediodía hasta medias se compró!
Ana: —No! Pero si andaba con pantalones…
Lau: —Y… se los pensaría sacar… jeje…
Cris: (palmea mi espalda) —Hay chiquita, chiquita…
(…y para muestra basta un botón…)
Objetivo N°2: El viejo de la puerta
Resulta que el lugar donde trabajo tiene salida directa a la calle; es un lugar muy expuesto (propio para la actividad de que se trata) y se hace mucha atención al público, por eso el seguro exige que tengamos al “Viejo de la puerta”.
Este personaje es de por sí bastante peculiar… se la pasa con la radio en la oreja escuchando partidos de fútbol repetidos y gritándole a los autos que pasan y hacen mucho ruido o tiran mucho humo… Yo admito que el que hace es un trabajo fulero… pero el tipo no está bien de la cabeza. Se me ocurre que un día de estos aparecemos todos en Crónica “homicidiados” por este viejo.
Pero la cuestión no termina ahí, sino que hemos hecho el triste descubrimiento —y no podía ser de otra manera— de que el viejo no se baña en invierno. “Usíase”, que se pone unos ungüentos fétidos para palear los resfríos día tras día encima de la cochambre que acumula… De la ropa ni hablemos, que en meses jamás se llevó el uniforme para lavar. De modo que al mediodía, se acomoda en la pequeña cocina, secuestra el tacho de basura para poder comer encima de él de modo que las migas caigan directamente donde corresponde para no tener que limpiar luego la mesa, y se encierra con su radio y una tasa de esas sopas instantáneas que me recuerdan tanto a los menjunjes que mi madre nos hacía comer cuando era chica y estaba enferma. Se imaginarán los que sale de ahí cuando termina de almorzar…
Ah… La Lau hizo otro descubrimiento interesante: El viejo le anda atrás a “La Silvia”, la llena de atenciones: caramelos, bombones, un cuarto de pollo asado, sándwiches variados, yogurt… El día que se fue a comprar las medias para su cita —pobre, me dio pena— andaba rezongando de lo más contrariado paseando la vianda de acá para allá, pispando a ver si volvía a tiempo para almorzar.
Sin palabras.
~ Onda Retro ~
Contando las horas para por fin ir a ver a “Los Gatos”.
¿Nunca les dije que amo a Lito Nebbia? Es uno de mis tantos amores platónicos… jajaja!
Me sorprende el hecho de que todavía recuerde la letra de tantas canciones… Si habremos jugado mi hermano y yo con ese viejo Winko a transformar a cualquier intérprete en el grupo de “Las Ardillitas”…
“La chica del paraguas, Un día de fiesta, El vagabundo, El rey lloró, Ayer nomás”… Sí, me entró el viejazo, y el jueves me voy con mi viejo a cantar un poco… Nadie más se nos unió…
Ana.
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