19/02/2007

Con vida... o sin ella. ¿Qué diferencia hay?

En la recta final…
(Diciembre de 2006)


Veamos… Que he estado casi “demasiado” ocupada no es novedoso. Desde que Bea se fue he tenido más trabajo, más responsabilidades… No me siento mal con eso, sigo aprendiendo cosas, y mi relación con algunas personas se ha ido haciendo un poco más… ¿suelta? Sí, así podría decirse.

Aprobé el examen anual de japonés, así que en 2007 voy a reencontrarme con viejas amistades… El Nihongo Noryouku Shiken ya es otra cuestión; puesto que no tendré los resultados sino hasta marzo. Trato de no pensar en eso porque, si no, me pongo mal. ¡Odio tener que esperar los resultados de los exámenes! ¿Pero qué puedo hacer al respecto?

Ahora estoy con más trabajo que nunca, pero afortunadamente mis vacaciones están anunciándose casi de manera gradual. Los cursos anuales y cuatrimestrales están terminados, sólo me quedan las clases de mandarín para entretenerme en el verano, los jefes salen de viaje en un par de semanas y pocos días después cerramos la oficina por vacaciones, si bien yo me quedo de guardia. Eso no me pesa, porque entonces no hay teléfonos sonando todo el tiempo, ni gente tediosa a la que soportar, además, las labores se cumplen a jornada “bastante” reducida, por no decir “como se me de la gana”… Y lo bueno de todo esto es que cuando todos vuelvan van a estar como locos, mientras que yo saldré de vacaciones en plena actividad y a mi regreso las cosas estarán marchando como si nada. La verdad, no soportaría salir de viaje al mismo tiempo que todos los demás, porque al volver recuperaría todo el estrés en apenas una semana y mis vacaciones acabarían siendo en balde.

Pero bueno, ahora a otra cosa.

Durante todo diciembre… y parte de noviembre también, he venido recopilando anécdotas y reflexiones acerca de las personas que me rodean… y de las que ya no, también. Tristemente, me doy cuenta que la gran mayoría de esas “ausencias” no me pesa, y cuando digo que siento esta situación como algo triste, me refiero a que me observo a mí misma como una personas, tal vez, demasiado fría.

Y claro, si las personas que me molestaban todo el tiempo ya no están, entonces me pongo contenta más allá de que sea capaz de reconocer que no eran malas personas ni mucho menos, pero que me molestaban, muy posiblemente, sin tener necesidad de dirigirme la palabra siquiera.

Hubo una época en que me tomaba el trabajo de al menos intentar conocer a todas esas personas; y en más de un caso lo descubierto valió realmente el esfuerzo. Descubrí tesoros… y no estoy exagerando… Pero ahora resulta que me cansé de hacer descubrimientos.

Hace rato que, sin haberlo decidido ni mucho menos, ando por la vida resolviendo situaciones (bien o mal) en tiempo real, a medida que se me presentan. Y es que no tengo tiempo para mucho más.

En Buenos Aires hace demasiado calor… y eso tiende a hacer empeorar mi acostumbrado mal humor…

Cosa rara, la última semana del año la oficina fue un completo caos puesto que tantos feriados no nos daban tiempo para terminar con el programa del mes, el pasado viernes hice el trabajo de tres días completos, llegué a la oficina como hora y media más temprano para así no arriesgarme a “no poder salir a horario”. En fin…




(Febrero de 2007)

Cinco días nada más faltan para que parta rumbo a la playa… otra vez.

En Buenos Aires “continúa” haciendo demasiado calor…



(Febrero de 2007 – Ya de regreso)

La despedida: con un tormentón que hizo que todo se removiera.

La verdad, me gustó. Salvo por los “charcos hediondos” que debimos atravesar para llegar a la playa cuando salió el sol.

He nadado como un pez… Hacía tiempo que no disfrutaba tanto la playa y, sobre todo, el agua. Creo que es cuestión de predisposición. Está bien que los días fueron buenos, pero no me habría importado que hiciera frío o que el viento me llevara, de todos modos me habría adentrado en las aguas. Ah…! Me siento un poco mas humana ahora.

Algo que continúa haciéndome reír a pesar de haberlo leído incontables veces (sí, nunca me cansa): El protagonista de “Memorias del subsuelo”. Es que no puedo contenerme y me río sola como una loca… Esa escena cuando insulta a todos sus “ex-camaradas” y acaba pidiéndole seis rublos prestados a Simonov antes de que se vaya… Es de no creer! ¡Y la contienda silenciosa que mantiene con Apolonio! ¡Y cuando rompe a llorar porque cae en la cuenta que todas sus maquinaciones no son más que extractos de obras que ha leído! Después de eso hasta le pega al cochero y juro que se me saltan las lágrimas. Es, sencillamente, magnífico.

Hacía algún tiempo que no me “regalaba” el tiempo para volver a leer a Dostoyevski, y lo estaba necesitando.

~ *** ~

Ya me estoy yendo… y mentiría si supiera hasta cuándo. Me asombra el tiempo que ha pasado desde la última vez que actualicé este blog.

Me disculpo con quienes lo leen, por no haber dado señales de vida los últimos meses. Pero han de saber que mi rutina no me deja mucho tiempo para nada más…


Ana.