17/10/2006

A ver... A ver...

A ver… a ver…

 

I - Encontré, por fin, un álbum completito de “The Boom”… no está mal, pero es lo bastante viejo como para que no se parezca demasiado a esa canción que me enamoró.

II - Tengo compañera nueva en el trabajo que parece que se queda… y me cae bien.

III - “Me han comprometido” para asistir a una fiesta a la que de ninguna manera quiero ir, y la verdad es que ni sé cómo. Fue algo así como: “Apártense ese día porque festejamos…” ¡¡¡NOOOOO!!! ¡No quiero! Necesito desesperadamente una excusa y no se me ocurre nada, en cuanto lo intento, la mente se me queda en blanco… Así que, por favor, si a alguien se le ocurre una buena excusa —creíble—, ¿me colabora en la empresa? ¿Qué puede retenerme en casa un domingo al mediodía que sea impostergable? Espero no tener que llegar al extremo de enfermarme…

IV - Estoy leyendo “O opositor” de Luis Fernando Verissimo… o mejor dicho, estoy acabando de leerlo… ¡No puede ser! ¡Quiero más, mucho más! Mi debilidad por personajes como “o Polaco”, me desconcierta más cada día. Me despertó compasión y mucha, mucha ternura. Pero, ¿cómo puede ser, si es completamente réprobo? Será porque al final se descubre que tenía un corazón escondido en alguna parte, porque sufría… porque… porque tal vez me gustaría conocer de verdad algo de esa ternura escasa y esquiva que los “personajes” de su calaña exhiben tan a regañadientes y a su pesar… ¡Por Dios! ¡Hasta tiendo a expresarme como si fuera un tipo de carne y hueso…!

“O polaco demorou para perder os sentidos, naquele quinto dia. Só notei que ele estava ficando incoerente quando me perguntou outra vez o que eu fazia, e declarou que só o que queria da vida, sem a Rosa, era poder se desmanchar lentamente, como um cavalheiro. Não pedia outra coisa. Se desmanchar lentamente, como um cavalheiro.”

~ Adorei o livro, sim. ~

V – Fin de semana largo, día de la madre… Todo bien, pero últimamente siento que el tiempo pasa demasiado rápido. Están produciéndose muchos cambios, todos al mismo tiempo. Mi trabajo ahora es diferente. Estoy cargando con una responsabilidad que espero no me resulte demasiado. Además, me canso, y me estreso. Necesito vacaciones, tengo mucho que estudiar, en menos de dos meses comenzará el aluvión de exámenes, y como dice mi querido Martín, “estoy en el horno”. Por otro lado, fin de año está demasiado cerca ya, y se avecinan los meses en que la rutina se descompagina. Cabe la posibilidad de que el próximo enero no me quede sola en el frente, pero eso no me tranquiliza. No puedo conmigo, soy desconfiada hasta los huesos, y eso también me estresa, y el estrés me agota y no me deja dormir…

VI – Por si fuera poco, me toca vivir situaciones un tanto extrañas… A morte do rato, por ejemplo, que me agarró en un momento en que me sentía bastante deprimida. Bah, toda la semana me sentí rara. Exactamente desde el lunes a la mañana, cuando me enteré de que Bea ya no iba a volver a la oficina. Era, o es más bien, una persona que me gusta mucho, con la que disfruto conversar… y era “la buena onda” del lugar. Todo está muy raro sin ella, y todavía me cuesta creer que no va a volver. La extraño.

Después fue ver la triste muerte de esa criatura tan tierna. De repente salió disparada del interior de un local y atravesó la vereda a toda velocidad. El semáforo había detenido el tránsito, pero aún así no le dio tiempo para cruzar la avenida. Se quedó como atrapado, sin saber hacia adónde ir. Lo vi titubear, y cómo los automóviles pasaban por sobre su gris cuerpecito… Por un momento, pensé que lo lograría, pero me equivoqué. Una rueda lo rozó apenas y el pobrecito cayó de lado, como desmayado… Y ya no pudo volver a levantarse, y segundos después su cuerpo quedó reducido a una triste mancha sobre el asfalto…

Y después, quise distraerme, y de alguna manera lo logré… o será que me distrajeron, y no estoy del todo segura de si eso fue bueno o no. A ver… Esa persona que me gustaba, y a la que no supe cómo acercarme —porque soy un desastre a la hora de relacionarme con alguien que me atrae, me vuelvo tímida y diminuta hasta casi desaparecer del planeta—, en cierto punto dejó de intimidarme, dejó de gustarme, el efecto se me pasó, como suele sucederme… y entonces, sin que mi voluntad tuviera nada que ver, —ni siquiera mi subconsciente— él comenzó a acercarse a mí. Pero no aconteció ese jueguito que tanto me gusta, ese de las insinuaciones y las frases a medias y las risas ligeras y tensas a la vez; no sé, fue raro, peculiar. En ningún momento adiviné su intención. Sería porque de verdad se me había pasado el embeleso y esas ideas no andaban rondando mi cabeza, qué sé yo… el caso es que la conversación discurrió sin la menor tensión, como cualquier otra, temas comunes e inofensivos, el trabajo sobre todo… Y zaz!

Nada de palabras.

Ni siquiera un gesto.

Ya me estaba preguntando algo acerca de un colector —miren si sería sugerente la conversación ( ! )— y fracción de segundo después me estaba besando… Me gustaría poder decir que sentí algo, pero no fue así. Y la sorpresa fue tal, que ni siquiera fui capaz de reaccionar, de ninguna manera. El contacto terminó y entonces me dijo algo como esto: “Cuando hablo siempre me mirás con tanta atención que…”

Y no escuché el resto. Me sentí incómoda, desubicada, así que me despedí y me fui. Y no, no me fijé en él. Si se quedó desconcertado, no lo sé, pero seguro que debe estar pensando que soy una persona rara… ¿Y qué es lo más triste? Que no estoy para nada interesada en repetir la experiencia, simplemente porque no me provoca, y tampoco me preocuparía no volverlo a ver en la vida, porque no es importante, pero sí me causa cierta inquietud —recién ahora, y qué tonto por mi parte— el que haya podido malinterpretar las distintas actitudes que he tenido —para con él para con todo mundo— en los últimos tiempos, en una de esas, porque podrían malinterpretarme otras personas que de hecho sí me interesan, por diferentes razones…

 

 

Ana.

 

Comentarios

Me encantó volver a leerte... se disfrutó mucho este post.
Un saludo.

Anotado por: Pekkochu | 05/02/2007

Dejar un comentario