10/09/2006
Se me pianta un lagrimón...
Yo sé que la gran mayoría —según opiniones que llegan hasta mi pequeña persona— no lo quiere, y que, cuando llegue el fin, descorchará champagne para festejar el “feliz” acontecimiento, pero yo lo voy a extrañar.
Y es que fueron muchas cosas… muchos años… y hasta ahora me doy cuenta de cómo pasa el tiempo, cuando las estadísticas aparecen en cada columna… Y qué lejos
Ana.
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07/09/2006
Ufff... toy cansá...
Y decía así:
No pide nacer,
No sabe vivir,
No quiere morir…
Bicho raro el hombre…
Me guata esa “definición”…
~ Y a otra cosa, que no tengo ganas de filosofar… ~
Weno… me anoté al fin para dar el examen de nivel de 日本語… Pero no sin antes hacer un buen análisis de cuánto sé, y cuánto tengo que aprender de acá a diciembre… En fin, digamos que con los kanji tengo una relación bastante amistosa, y todo gracias al mandarín, que dicho sea de paso cada día me gusta más, tanto, que no estoy muy segura de cuál de los dos idiomas aprenderé a hablar primero… digamos que con la soltura suficiente como para poder decir que “efectivamente lo sé”.
Por otro lado, si bien los momentos que dedico a “mi vicio” de aprender cosas que no tengo la menor idea de si me van a servir realmente en la vida para algo más que distraerme de lo que me cansa mentalmente, debo concluir que, irremediablemente, los días no tienen las horas suficientes… Y yo necesito desesperadamente dormir un par de horas más todas las noches, porque ando bostezando a eso de las cinco de la tarde y no puede ser.
Esta última semana en el trabajo fue de locos; recién el viernes se tranquilizaron las cosas un poco, y tengo que reconocer que no todo fueron los problemas que, como de costumbre, hay que resolver, sino cuestiones internas más bien… Juro que llegó un momento en el que estaba tratando de prestarle atención a al menos tres asuntos diferentes a la vez.
¡Aaaahhhgggrrr! A mí me va lo de la camaradería en el trabajo, y hasta ahora se me ha correspondido con camaradería, por eso sigo en la mía… Pero caigo en que no a todos les pasa lo mismo, de modo que —oh, casualidad—, cada vez que se detectaba que estaba colaborando con cierta persona que empezó a trabajar en la oficina hace unas tres semanas y tenía problemas con su computadora, “surgía” como por arte del demonio alguna “nimiedad” que le era sumamente importante a “uno” de mis jefes. La situación me puso, realmente, de muy mal humor. El jueves me fui de la oficina bastante temprano —beneficios otorgados desde el vamos en diciembre del año pasado—, y el viernes en la mañana, “mi compañera de banco” me escribió contándome que finalmente habían despedido a “la reemplazante”… Y ese mismo viernes, todo se tornó extrañamente calmo, y tuve un día re tranquilo y de lo más normal… para ser fin de mes, claro.
¿Las razones por las que la despidieron? Pues que supuestamente no era lo suficientemente eficiente, que era “lenta”… “Qué raro”, porque casualmente a todos nos parecía de lo más apropiada, es más, llegamos a especular con la posibilidad de que se quedara en la oficina de manera permanente… Y es que los ánimos entre compañeros de trabajo se han vuelto mucho más amenos desde que “la persona que no está”, efectivamente comenzó a no estar. ¿Vieron cuando una persona tiene la odiosa capacidad de causarle al de al lado unas ganas desesperadas de que el día por fin termine, que cuente las horas, los minutos y los segundos que faltan para que se haga la hora de salir? Bueno, pues ese efecto era el que tenía en varias de mis compañeras. En cuanto a mí, baste con decir que alguna vez me sacó de quicio, y que no fue a más porque la gran mayoría de los días me la paso haciendo algo así como “relaciones publicas” fuera de la oficina, jajaja…
Sí, me quejo, pero “afortunadamente” mis días son terriblemente cortos.
En los últimos tiempos me han pasado cosas extrañas, varias personas que realmente no tienen nada que ver conmigo me han dicho cosas como “…la verdad, prefiero hablar con vos porque sos más humana…”, — o_O — “…disculpame por el tono anterior, muchas gracias por explicarme como eran las cosas…”, “…gracias por escucharme”, “entiendo que tu responsabilidad llega hasta ahí, pero sos la única que me escucha…”.
Esos comentarios me extrañan bastante. Yo no sé si me diría esas cosas siendo otra persona. En una de esas porque suelo ser más desquiciada que todos los desquiciados que acaban diciéndome cosas como esas.
Todo esto tiene sus pro y sus contra. Lo bueno es que sin esfuerzo alguno, me doy cuenta, hay gente que me tiene en cierta estima, y eso es beneficioso en el ámbito en que me desenvuelvo pero, también implica que recurran a una más personas de las con que se puede “dialogar” en un solo día.
¡Ah! Y a propósito de gente “estimable”… Por fin tuve el gusto de dialogar en persona con el tercer arquitecto que conozco que me cae bien —y miren que he conocido a un número considerable, todos ellos definitivamente despreciables—. Me gusta cuando me explican las cosas de buena voluntad, es decir sin necesidad de pedir explicación alguna, que me cuenten de qué se trata, de lo que se va a hacer y por qué. Pues bueno, mis conversaciones con este buen señor fueron por demás instructivas… y me encantó el gesto que tuvo de compartir conmigo parte de eso que sabe y que yo desconocía; actitudes de ese tipo hacen que tenga predisposición a permanecer en un mismo sitio por más tiempo… Porque sí hay cosas más importantes que lo que le pagan a uno a fin de mes.
~ Dispersión ~
~ Sí, más ~
Se han despertado e mí, una vez más, unas ganas terribles de leer a Covadló, y no me basta con releer los libros de él que atesoro, necesito más, quiero leerlo todo. Necesito mi dosis de su humor casi con desesperación…
Encima, ahora tengo nueva obsesión: “The Boom”. He escuchado la misma canción ya ni sé cuántas veces… y lo más triste es que en tres semanas no he conseguido más canciones para obsesionarme…
Y ya. Me voy.
Ana.
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