23/06/2005

Piú pensieri a spazzo

Ah… Otra semanita fulera, para variar…

Esta última se perfilaba difícil, pero de buenas a primeras se descomprimió, como por arte magia. Hoy, jueves, extrañamente no tengo que ir a la facultad, y me siento un poco… no sé, rara. Para colmo de males me levanté con un amenazante ardor en la garganta, y eso me tiene molesta y preocupada; no sé porqué, no me enfermo nunca pero cuando me toca siempre es para que me manden a la cama con fiebre. Uf…

La última carrera de F1 fue un chiste, y lo cierto es que me carcajeé de lo lindo, sobre todo con el pobrecito de Monteiro que se quedó solito en el podio festejando. Ciertamente un imagen para reír.

Igual me pasa con los noticieros y la televisión en general. Y es que si no me río, entonces me amargo. Ahora que el “pobre” de Chabán pagó su fianza y salió de la cárcel, la orden del día es perseguirlo y darle muerte, según parece. Digo “pobre tipo” porque tal parece que no lo quieren en ningún lado, y encima de todo, pareciera que fue el único responsable, el único culpable de todo… “¡Sí, el los llevó a todos al interior del local a pinta de fusil, con todo y acompañados de sus hijos menores de edad y aún en edad escolar y/o guardería, luego los ató y amordazó uno por uno meticulosamente para que no pudieran escapar, cerró las puertas, y por un agujerito del que sólo él tenía conocimiento, introdujo la “llama” que los quemó a todos” (Ya sé que más que quemarse se ahogaron, pero para el caso es lo mismo. Digo, hago aclaraciones por si las moscas).

¿Pero saben cómo fueron las cosas en realidad? ¿Saben porqué pasan estas cosas? Porque la gente no piensa. Tal parece que la evolución nos está llevando hacia un futuro de cerebros cada vez más pequeños, en el que las masas eligen una víctima al azar y se lanzan sobre ella sin piedad, cagándose en las leyes y demás intentos de conseguir algún orden de la índole que sea. Hoy es Chaban, mañana quién sabe. ¿Y saben qué es lo peor de todo? Que no importa que mañana, la semana que viene o dentro de un año el poder judicial llegue a la conclusión —o dictamine lisa y llanamente— que Chabán no tuvo responsabilidad suficiente como para dejarlo preso, las masas ya lo juzgaron, y ante sus ojos que no ven un carajo de nada porque no quieren ver lo que no les gusta, el tipo es y seguirá siendo culpable, y por ello le romperán las pelotas hasta el día que se muera, y aún después irán a hacer escraches junto a su tumba todos los 30 de diciembre después de que expire, sin importarles un pito perturbar la paz del resto de los muertos del cementerio.

¿Qué cómo lo veo realmente? Muy simple. La situación es perfectamente comparable con la de un grupo sectario suicida cualquiera (por decirlo de un modo tal vez extremadamente simple, disculpen si no tengo más ánimo para explayarme con explicaciones indefinidamente), y bien, un día se les ocurre que la hora ha llegado… ¿En dónde aparece Chabán en todo este cuento? Pues él resulta ser el que les vendió el veneno.

Y ya no pierdo más el tiempo con estas cosas —y es en serio—, Perro Sarnoso —que quede claro que con el apodo no insulto a nadie, no es mi culpa que la gente se rebautice con ciertos nombres en la web—. Y bien, si lo que escribí más arriba no resulta ser de tu agrado, lo siento, pero la cosa es muy simple: si no nos gustan las respuestas que nos dan, mejor no preguntar; mucho menos insistir.


~ Punto final a la cuestión. ~


Ahora, otra cosa que nada tiene que ver con lo que venía escribiendo antes (es decir, antes de irme a tomar unos mates):

El domingo salí con ciertos seres humanos, a quienes no veía desde hacía una eternidad. Que no salía con ellos hacía ya más de un año completo, sin exageraciones; que no los veía, unos cuantos meses, lo que no deja de ser mucho. La verdad, no me esperaba una noche como la que pasé. La verdad, fue horrible. No recuerdo haberla pasado así de mal en una salida nunca, pero nunca de verdad; es más, antes de decir que sí, me había estado preguntando por qué carajo había dejado de ver a esas personas y no encontré respuesta alguna.

¿Muchas "verdades" en un mismo párrafo? Sí, me di cuenta, pero la cosa es esí, tal cual. Y no, no están de más aunque lo parezca.

Cómo es el destino, ¿no? Ahora ya sé por que no voy a querer volver a aceptar.

¿Y que por qué fue una noche espantosa? Bueno… Antes que otra cosa he de aceptar que, según a mí me pareció, los demás se divirtieron como quién dice “como de costumbre”, en cambio yo no pude hacer más que tratar de reírme un poquito de algún que otro chiste mínimamente decente, y por lo demás, observar lo estúpidos que se comportaban en su gran mayoría.

No escuché, en toda la noche, una sola frase coherente, ni mucho menos una inteligente. No encontré nada en absoluto para rescatar. Llegué a casa muerta de sueño y de cansancio, y apestando a cigarrillo. Por un momento me dieron ganas de quemar toda la ropa que me quité… lo primero que hice cuando llegué a casa fue meterme al baño y abrir la ducha.


~ Ahora mismo... ~

Ahora estoy triste, porque se me agota el tiempo…

El martes fue uno de mis mejores días. Me reí, la pasé bien… Ahora me está entrando la nostalgia. Será que mis tiempos siempre van un pasito —o varios, para ser sincera— detrás de los de los demás… no sé… Me gustaría tener la certeza de que siempre voy a poder pasar momentos como los del último martes. Hay una persona a la que, en mi fuero interno, deberé ofrecerle mis más sentidas disculpas; y digo que lo haré en mi fuero interno, porque al menos tuve la decencia de nunca faltarle el respeto. Las palabras que empleamos y las expresiones, así como nuestras personalidades son completamente diferentes, pero me maravilló que, después de intercambiar apenas unas cuantas ideas serias, hallamos coincidido de manera semejante, lo que no implica una coincidencia completa ni mucho menos, sino el hecho de poder decir para mis adentros: ¡Caramba, eso mismo siento yo! Ó Está bien, yo pienso que las cosas son diferentes, pero reconozco que el tipo no está del todo errado, y que piensa con seriedad.

Por otro lado, me di cuenta de que voy a extrañar mucho a cierto Señor que de a poco se ganó no sólo mi simpatía, sino mi más alto respeto. Me sorprende sobremanera estar pensando en este preciso momento que hasta lo quiero. Sí, lo quiero. ¡Y cómo me cuesta creerlo, carajo! Quiero que siga estando ahí siempre, quiero poder seguir escuchándolo por horas y horas contando sus anécdotas, y sus chistes extravagantes…

Ya me estoy poniendo sentimental y maleducada… Sepan que no era mi intención dejar salpicado este escrito de cuarta con tantas malas palabras… Pero tampoco era mi intención… bueno no importa.

Lo que me ha pasado este fin de semana largo —quitando de la línea de tiempo la repugnante noche del domingo— ha sido maravilloso. Fue como si descubriera otro mundo, y un mundo que me gusta y me reconforta. Me reí mucho, y me sigo riendo a pesar de las lágrimas. Me doy cuenta de que quiero más, pero que la fuente –como todas las malditas fuentes— no es inagotable ni por asomo, ni en sueños. Hay tantas cosas que quiero saber, tantas cosas que quiero preguntar y no me animo…

Soy una cobarde. Una mísera cobarde.


Ana.

17/06/2005

Dos hechos que me tienen un tanto perturbada…

~ Estas cosas sólo suceden en la Dimensión Desconocida... ~

Como ando medio harta de la facultad, y no es que la carrera no me guste, sino que muchas veces el incumplimiento y la burocracia me desaniman, así como ciertas materias a las que no les hallo razón de ser, y gente que joroba y no deja a los demás estudiar en paz, a partir de este año he decidido distenderme, por así decirlo, estudiando… otras cosas, que si bien no hacen a mi carrera, sí hacen a la cultura general, y que por ende no consideraría nunca una pérdida e tiempo. Pero bueno, el caso es que durante las dos semanas pasadas, en ciertos cursos que tomo fuera de la Facultad de Ingeniería, nos tomaron examen. No eran nada del otro mundo, aunque extrañamente, no venían “con sorpresa”, cosa que me dejó un tanto shokeada, por decirlo de alguna manera. Pero lo inaudito, lo que de verdad no me esperaba, fue que la profesora (una señora de lo más agradable que me he encontrado en los últimos tiempos), nos tomó examen un lunes y nos trajo las evaluaciones corregidas (bien corregidas, y no sólo con una calificación injustificada) el jueves próximo siguiente.

Se lo hice notar, y ¿saben qué fe lo que me dijo? Que como cuando ella estudiaba en la UBA la gran mayoría de las veces tenía que esperar entre 20 y 25 días para tener los resultados de un examen, ahora que es ella quien evalúa, no quiere hacer esperar a sus alumnos de la misma manera.

Buaaaa… T_T En serio que me voy a poner a llorar… Quiero más profesoras así… Snif…

El segundo hecho inaudito, tuvo que ver con la sensei de japonés.
Resulta que como estos cursos de idioma son anuales, durante las dos primeras semanas de Agosto hay receso, pero como algunos alumnos del Nivel 2 le pidieron si podían seguir yendo al curso durante el receso para recuperar clases perdidas y a la profesora no le pareció mal, la propuesta se hizo extensiva a todos los alumnos que cursamos japonés (¡y no sólo con mi profesora!). Ahora, que como ni mis compañeros ni yo hemos perdido clases, y como tampoco tenemos problemas de horarios como para obviarnos las vacaciones de invierno, directamente seguiremos avanzando con las clases como si nada.

¿Vieron? Igualito a como se dan las cosas en las escuelas, colegios y facultades… Y aclaro que no voy a ningún instituto privado a aprender idiomas, y que tampoco nos van a salir cobrando extras. Esto es pura buena voluntad de aprovechar el tiempo.


En fin, que de vez en cuando hay cosas que me ponen del mejor humor, pero que, de verdad, me hacen sentir rara… no sé.

¿Por qué no habrá gente así en mi facultad? T_T


Ana.

02/06/2005

Necesito dormir... T_T

Ufff… Las últimas semanas han sido verdaderamente complicadas… Varios trabajos prácticos que presentar, dos exámenes parciales, salir de la facultad un par de horas más tarde, dormir poco por las noches, y compartir el sueño con series de Taylor antes y después del parcial de análisis numérico, que no sólo es una materia espantosísima, sino soporífera, y la más inconsistente de todas las materias que hay en esta bendita carrera.

También anduve hablando sola mientras hacía mis travesías por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sorteando piquetes y abrazos simbólicos a edificios públicos, hasta que por fin logré decir la fecha, bien y con soltura, en japonés… Creo que la cosa se me dificultaba más que nada porque la mayoría de las veces no sé en qué día vivo ni en mi propio idioma… En fin… También estuve haciendo algunas averiguaciones sobre los enanos de jardín para terminar de darle forma a mi último trabajo para el taller, y otra vez me quedé sin hacer el análisis del cuento porque estaba un poco complicado; así que tendré que esperar hasta el martes próximo. No me gusta esperar, pero he de admitir que en este caso eso es lo de menos, ya que escribir los diálogos de este cuento me hizo pasar un buen rato, y el añadido de haber hecho reír a los presentes con la conversación de los protagonistas, aunque no comprendieran del todo el final, es gratificante. Bueno, esto dicho por una servidora, a quién le gusta leer mayormente textos que le despierten sonrisas.

El miércoles me divertí de lo lindo peleando vía e-mail con la administradora del edificio en donde vivo. La verdad es que estos personajes, los administradores, son realmente funestos, incluso mucho más que los enanos de jardín; y el caso es que esta mujer ya me tenía harta. Cada vez que se le pide algo hay que esperar años luz para que a uno le del bola, y lo peor de todo es que he visto, con estos ojitos que Dios me ha dado, lo sumisa que se muestra cuando cierto consorcista —de esos mayoritarios que hay en todas partes y que se creen que todos tienen que hacer lo que se les canta porque ellos tienen más— la trata peor que a un perro sarnoso. El caso es que me forcé a mutar mi tono en uno apenas un pelín irónico, y la doña se me ofendió y todo… ¡La cara que habrá puesto cuando leyó mi contestación…! Lo más importante del asunto es que logré lo que quería, porque, OH casualidad, todo lo que le pedí lo tuve al día siguiente. ¿Por qué será que cuándo uno pide las cosas bien lo tratan de pendejo inseguro y falto de carácter?

Y aclaro: Podré haber empleado un tono impertinente, irónico, y hasta burlón, pero nunca indecoroso ni mucho menos indicativo de falta de educación.

Ya, no me enrollo más con eso.

A fines de la semana que viene, tendré que empezar a buscar departamento nuevo. Después de afinar el lápiz, he llegado a la conclusión de que con lo que pago aquí en concepto de expensas me sobra para pagar los gastos completos de un departamento más espacioso en algún barrio aledaño. Así que pondré en alquiler este sitio —ni piensen mis enemigos que se librarán de mí tan fácilmente— y me iré a vivir a San Telmo; me gusta ese barrio, y me sigue quedando todo cerca. Ahora sólo es cuestión de escarbar.

Ap… y me hice bien la tonta el otro día, y nadie fue lo suficientemente valiente para hacérmelo notar. Será que todos tienen cola de paja y hay cosas que no se animan a pedirme. Menos que menos mi hermano, con quién las cosas no andan muy amenas; anda muy creído de que es el único dueño de la verdad, el más sabiondo y el más todo, pero cuando algo le sale mal, se limita a gruñir y a mirar a todos con cara de vinagre, y hasta el saludo le quita a quién ose decirle las palabras prohibidas: “te equivocaste”. Así que si quiere un conejito de indias para la clínica, que no cuente conmigo. A fin y al cabo sus despectivos comentarios hacia mis actuales “inquietudes intelectuales” resultaron providenciales para mí, porque, aquí, entre nos, no le tengo ni pizca de confianza a los dentistas (salvo a uno), y menos que menos a uno que lleva torturándome prácticamente desde el día en que llegué al mundo.

Listo, otro punto tachado de la lista de favores que ya no hago.

Y dejando esos temas de lado… No todo ha sido quejarse y enemistarse. Me reconcilié con cierto amigo que me había involucrado en un hecho indecoroso, y aunque las cosas van a demorar en volver a la normalidad, me siento mejor después de haber aclarado algunos puntos. Al fin que la macana no me la hicieron a mí, y entre amigos hay que tratar de comprenderse, ¿cierto? Lo que pasa es que mi orgullo femenino se rebela en determinadas circunstancias, y no me gusta participar ni aceptar cosas que no soportaría que me hicieran a mí, así de simple. ¿Por qué será que tendemos a idealizar a las personas que apreciamos?


Ana.


PD.: Con respecto a mis comentarios anteriores acerca de ciertos exponentes del tenis argentino, dejo constancia de que, según mi parecer, la cosa va en gustos, por lo que no merece la pena discrepar. Misma opinión sostengo para el resto de los deportes. A fin de cuentas, no son cosa de vida o muerte, sino meros entretenimientos.

Y a propósito de esto último: ¿No hubiera sido mejor que el McLaren de Kimi se rompiera unas diez o quince vueltas antes? La verdad, se me escaparon unas cuantas guasadas cuando abandonó apenas faltando una vuelta para el final… Y este Alonso, con perdón de la expresión, tiene más culo que cabeza.

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