15/09/2008

我只是在这儿...

(Yo sólo estoy aquí…)

 

Suele haber mucho más de lo que las personas ven, ahí en donde los sueños se ocultan de la conciencia… Fui y vine… y en mi mente sigo partiendo día con día, y hacía un tiempo considerable que no sentía nostalgia semejante. Es fácil ―demasiado― acostumbrarse a lo bueno, sépanlo… pero hay cosas que se merecen toda la nostalgia por ser vividas aunque sea sólo una vez.

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De las peripecias vividas ya escribiré, supongo… y es que son como un tesoro para mí, una miríada de sensaciones que permanecen vívidas en mí. Baste con decir que fue el invierno más frío de los últimos cuarenta años y que aún así fueron los días más cálidos que recuerdo desde que era una mocosa y apenas me daba cuenta de lo que pasaba a mi alrededor.  

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Definitivamente, de mi viaje por China, contaré las anécdotas a medida que la inspiración se apiade de mi insignificante persona y me salga al encuentro, por ahora diré apenas que me muero de ganas por volver para ver más y reencontrarme con todo lo que ya he visto, pero vestido con los colores de las cuatro estaciones y, sobre todo, reencontrarme con esas personas que me hicieron sentir tan bien y en las que, muy a mi pesar, no puedo dejar de pensar cada día desde que volví a pisar suelo argentino. Las amistades nuevas forjadas en la “adversidad” de intentar comunicarse con las personas en las ciudades del interior donde apenas si un mínimo porcentaje de la población chapucea algunas palabras en inglés son una ganancia aparte, de valor incalculable; la felicidad de pisar por fin esa tierra que queda al otro lado del planeta es incomparable a cualquier otra porque es haber alcanzado ese lugar “inalcanzable” al que soñaba con llegar desde que tengo uso de razón, y el primer logro, ese de haber llegado solita a Chengdu luego de perder el avión en Shanghai por culpa de la gente de Air Canada que extravió mi valija, ―yo en China y mi equipaje solito en Toronto…― misma que logré recuperar(eso sí, 48 Hs. después, ya en Chengdu), luego de una inolvidable conversación en fluido “chinglés” con el dependiente del aeropuerto, un chinito diminuto y feo pero toda amabilidad… Ah…! Esas experiencias hacen que una se sienta verdaderamente capaz de hacer las cosas por sí misma… la emoción de descubrir que “de verdad” podía establecer una comunicación ―un tanto precaria sí, pero comunicación a fin de cuentas― con cualquier alma de por ahí que no entendiera ni pizca de inglés, está total y definitivamente fuera de escala.

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Han sido muchos los cambios en estos últimos meses… la separación de mis viejos, la compra de una nueva casa, la mudanza después de haber vivido los últimos veinte años en el mismo departamento… debo decir que el viaje también me resultó útil en la transición, pues pasarme dos meses al otro lado del planeta antes de instalarme en esta nueva casa que, por si fuera poco, queda al otro extremo de la ciudad, me ha ayudado bastante a desacostumbrarme del barrio, de la gente y de aquel asfixiante departamento.

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Y hay todavía más cambios… dejé de estudiar con mis profesores de siempre, porque después de semejante experiencia en la que todo el día era, ya no de estudio sino de incorporación de conocimientos, caí en la cuenta de que no soportaría tener que seguirle el ritmo a mi última compañera de clase que estaba llena de problemas de horario y asistía con suerte a la mitad de las clases y me obligaba a retomar las lecciones pasadas cada vez que decidía hacer acto de presencia. Este año me anoté en el Centro Universitario de Idiomas de la UBA, y no pude haber tomado decisión más acertada. Ahora todo depende de un programa preestablecido que debe cubrirse sí o sí, cada cuatrimestre cambia el docente asignado, cosa que ayuda mucho a entrenar el oído, y tengo un montón de compañeros de estudio, lo que hace que las cosas más divertidas.

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 Y algo más… ¡por fin encontré un coro cuyos horarios de ensayo no me complican la existencia!

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Antes de fin de mes tenemos debut, así que estamos ensayando muy, pero muy seriamente. No hay mejor forma de alzar la voz que cantando, sí señor… o al menos no resulta absurdo, y es una manera tan buena como cualquier otra para canalizar energías que las horas de oficina acumulan de forma negativa en mi pobre cervical.

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Y hablando del trabajo… tengo que cambiar de trabajo… Hacerlo ya es una completa y verdadera necesidad. Con mis jefes, todo bien, y hasta con Bolde andan bien las cosas… pero necesito un cambio de aire… y ganar más dinero, por supuesto, y la única manera de hacerlo es trabajar en una empresa que me permita escalar posición, pes donde estoy ya no puedo crecer más… En fin, que estos son tiempos difíciles para arriesgarse, pero calculo que pasado el verano a más tardar por fin he de hacerlo.  

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~ Cambio de tema ~

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Lecturas recientes: muy pocas, por desgracia… pero todas muy gratas para mí. Una de las destacadas es “Sebastopol”, altamente recomendable, emotiva, viva. Adoro ese estilo, lo amo. Una llega a conocer en profundidad a los personajes, a intentar cuando menos calzase sus zapatos por un breve instante e intentar sentir lo que ellos sienten, su miedo, su estupidez, su absurdo y a la vez necesario e invalorable patriotismo, más allá de las razones por las que cada uno de ellos hace lo que hace o lo deja de hacer.  

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Otro destacado es un autor nuevo para mí: Haruki Murakami y su “Sauce ciego, mujer dormida”, un libro de cuentos bastante peculiar pero que me ha dejado muy buen sabor de boca. Algunos de sus cuentos, como “El hombre de hielo”, “La tía pobre” y “El mono de Shinagawa” son simplemente geniales, y el estilo del autor es tan fresco en su novedad para mí que realmente lo amé.

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Ahora, si la cervical me lo permite… o si encuentro antes un acupunturista, leeré por fin, aunque en versión ebook ,“Criaturas de la noche” de uno de mis autores favoritos, Lázaro Covadló. Los que me conocen saben bien que adoro ese estilo que tiene tan… “libre” y tan “franco” para contar. Es de esos escritores que no le tienen miedo a nada y se animan a poner en papel cualquier idea que les pase por la mente sin importar lo bizarra que pueda llegar a ser. Y es que no serán todas genialidades las que escriba, pero como me dijo alguien muy querido y respetado alguna vez, <<Hasta en las novelitas de bolsillo pueden encontrase a veces, cuando menos, una frase o idea de cierto valor para rescatar…>>  

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Ahora bien, en cuanto a la música, mi gusto está cada día más extraño. Hace un par de meses fui con mi viejo a ver al dúo “Vivencia”. Me cuesta creer que un par de las canciones que cantaron fueron capaces de llevarme a otros tiempos de mi vida, tiempos que ya casi tenía olvidados, en los que todo era mucho más fácil… en los que apenas si tenía uso de razón, así de chiquitita era.

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Por otro lado volví de China con varias canciones en la cabeza. Conseguí comprar varios discos de Wu Yue Tian (unos taiwaneses re “shingleros” pero que me encantan), el último CD de FIR, y algunas otras cosillas del mundo del Jazz… También una obra destacada del clásico de autoría china, “The butterfly lovers”, cuya melodía tiene la capacidad de llegarle a uno a la mismísima médula… cada vez que la escucho se queda en mi mente por días, es como un efecto residual, aunque grato más allá de la nostalgia que me hace sentir.

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Finalmente, en Shanghai incluso pude adquirir algunos CD’s originales de L’Arc~en~Ciel y otros artistas japoneses a los que hasta entonces sólo podía acceder en versión mp3 y gracias a internet.

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Ah…! Definitivamente, nada es suficiente cuando se encuentra una en una tienda enorme, rodeada de todas esas cosas que creía inalcanzables. Dan ganas de comprarse todo. Lástima que haya que medirse mucho con las compras, pues después se complican demasiado las cosas a la hora de hacer el equipaje… y no hablemos de las tasas que cobran los aeropuertos por exceso de equipaje…  -___-“

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Pero bueno, basta ya de estas cosas! Más que evidente es que me muero de ganas de volver a escapar de la rutina. Estoy estudiando como loca, con entusiasmo renovado. En cuanto tenga los conocimientos suficientes, me desvaneceré de la vida de aquellos que apenas si fingen los “gracias”. Hay que aprender a ser un tanto despiadado para alcanzar lo que se quiere y no detenerse en consideraciones por aquellos que comparten nuestro tiempo apenas circunstancialmente. Vale más ―infinitamente más― la llamada de esa amiga excéntrica que se banca mis excentricidades y desapariciones y con la que nos vemos siempre que nos necesitamos y cuya amistad no nos ha generado dependencia a pesar de haber superado la década, que cualquier  falsa lealtad a un maestro, a un compañero de trabajo o a un empleador por llevadero que sea el día a día. Los extrañaré a todos, sí, pero se me va a pasar.  

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Todavía no me decido a publicar fotos del viaje… o de “esas cosas que suelo ver por ahí” y que muchas veces no sé muy bien como describir… Pero acá les va un retrato de mi Huan-Huan! ¿No es simpático? Saludos,

 

 

Ana.

 

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26/11/2007

Invisile

(De: "El juego de la invisibilidad")



Sí, señor. Toda mi vida he querido llegar a esta situación; he soñado con esto desde que tengo memoria, tal vez incluso desde antes de haber nacido, como si hubiera sido predestinado para alcanzar una meta de tal magnitud.


Ya sé. Seguramente la gran mayoría de los seres humanos habrá cavilado alguna vez acerca de esta posibilidad, pero la diferencia que existe entre mi humanidad individual y la de todos los demás, es que mis razonamientos y mis desvelos fueron siempre verdaderamente serios.


Y claro, como supondrán, pasé por los muchos estadios del razonamiento que se puedan imaginar. Sí, me he planteado en su momento cada una de las hipótesis que cualquier otro haya barajado. Y sí, también me permití fantasear. Y sí, también planeé alguna que otra maldad, de esas que quedan en nada, ya por falta de oportunidad, ya por la simple pérdida del entusiasmo. Porque, créanlo o no, cuando se llega a donde yo, esos menesteres pierden todo el sentido y ya no entusiasman.


Recuerdo que cuando era un crío, solía esconderme en los rincones más oscuros e inaccesibles de la casa, para sorprender a mi madre. ¡La de sustos que le habré dado a la pobre…! Saliendo a veces de debajo de la mesa, o del interior de un placard, incluso de dentro de la bañadera, de detrás de las cortinas, o de la cucha del perro… Por entonces yo estaba plenamente convencido de que era un pasatiempo de lo más divertido, pero desde que mi padre me hiciera cambiar de opinión con esos mudos y particularmente convincentes argumentos que sólo a los padres se les concede emplear con los niños —eso sí, siempre y cuando estén bien justificados, condición que se da en la en la gran mayoría de las oportunidades—, comprendí que aquello no era otra cosa que esconderme, y que en realidad nada tenía que ver con mi fin último, que era, y como no, el de hacerme invisible.


¿Pero cómo hacerlo, realmente? ¿Podía idearse una fórmula química que volviera a la materia por completo transparente? Y nótese que hablo de fórmulas químicas y no mágicas. Porque no creo en la magia, sino más bien en la casualidad. Pero eso no viene al caso ahora.


El caso es que, de ser posible, cabía pensar en dos tipos de materia a invisibilizar, la orgánica y la inorgánica, lo que implicaba a su vez una fórmula de la invisibilidad para cada una de ellas. Enseguida relegué en la lista a lo inerte, porque ¿de qué podía servir la ropa invisible, si todo mundo podría ver el cuerpo desnudo de quién pretendiera cubrirse con ella?


“Muy bien”, me dije, primero había que hacer invisible al hombre, pero, ¿cuáles eran realmente las ventajas de poseer un cuerpo completamente transparente? En un principio la transparencia por si sola me convertiría en una suerte de prisma que andaría por ahí descomponiendo la luz, llevando consigo, en vez de sombra, un arco iris. Entonces la invisibilidad no era la mera falta de color. ¿Y qué gracia podía tener andar desnudo por esta ciudad, cagándome de frío y siendo atropellado por gente que no me puede ver? Y además, aunque mis ropas y yo fuéramos invisibles, todo lo que pulula por ahí, se adheriría a mi persona y delataría mi presencia; la mugre en la suela de los zapatos, el humo, el polvo, la lluvia, incluso lo que pudiera ingerir —lo que, dicho sea de paso, sería una asquerosidad con mayúsculas—, ¡cualquier cosa, todo, qué joder!


Para ser realmente invisible entonces, había que invisibilizar el mundo entero. Y listo, fin de la discusión, fin del sueño.
O no.


Porque no me di por vencido, y comencé a barajar otras posibilidades, tales como que para no tener que padecer las inconveniencias de pertenecer al mundo corpóreo, por llamarlo de algún modo, había que desintegrar la materia, o más bien, separar sus moléculas de modo que se expandieran tal y como lo hacen los gases. Imagínense a ustedes mismos pasando de los estados líquido y sólido al estado gaseoso; cada una de sus moléculas flotando en el aire, mezclándose con… No, la idea de mezclarme con quién sabe qué no me sedujo ni una pizca. En el aire hay demasiadas cosas con las que no sería para nada agradable mezclarse, así como hay… otras cosas que por nada del mundo me atrevería a tocar, y seres en los que preferiría no profundizar, si saben a lo que me refiero. Y ni quiero volver a cavilar acerca de la posibilidad de quedar expandido por los siglos de los siglos, imposibilitado de reunirme a mí mismo; o lo que es peor, hacerlo de forma incongruente o incompleta. ¡Qué espanto andar perdiendo trozos de humanidad por ahí! Sería de lo más insólito e insalubre, por no decir repulsivo y suicida. Nomás figúrense extraviar una porción de hígado, un riñón, un trozo de nariz o de un ojo, ni qué hablar de perder masa encefálica…


Con el correr del tiempo concluí que la clave de la invisibilidad no estaba en el mundo de las cosas, sino en el de las no cosas, es decir, en la nada. Estaba pues en esa otra dimensión, paralela a la nuestra, de la que forma parte todo aquello que no tiene explicación.


¿Que a qué me refiero? Nada más ni nada menos que a convertirme, de alguna manera, en una suerte de fantasma.


¿Que si soy un fantasma? ¡Pues claro que no! De ninguna manera, estoy perfectamente, vivo; y cuando digo que he logrado mi meta, lo digo en todos los sentidos habidos y por haber, y eso es porque, de algún modo, he conseguido establecerme en los límites de esas dimensiones a las que hago referencia, pudiendo gozar así de los beneficios que ambas ofrecen.


¿Y de qué me habría servido cruzar por completo al mundo de esas no cosas, si desde allí no habría podido disfrutar del mundo de las cosas? Eso habría equivalido a esconderme, a dejar de ser, y esa no era mi meta. A mí me gusta poder degustar los sabores de las cosas, sentir su tacto, llenarme los pulmones con sus olores, y los oídos con sus sonidos. Desde ese otro mundo, sólo habría podido, quizá, observarlas, en cambio desde la delgada línea que divide a ambos, tengo por añadidura la capacidad de decidir saltar de uno a otro nomás en cuanto me aburra del juego.


¿Y que cómo lo hice? Bueno, de eso no estoy muy seguro; y es que he dado tantas vueltas, que me he desorientado un poco. Sí tengo bien en claro que todo comenzó cuando comprendí que la mano venía por el lado del poder oculto de la mente, y que el quid de la cuestión residía en algo tan de ambos mundos como yo mismo a estas alturas, es decir, en la percepción. Así que primero que nada me planteé volverme invisible ante mí mismo, y me concentré en dejar de verme, día y noche, durante semanas, meses, años… muchos años, ya ni me acuerdo cuantos, seguramente más de lo que cualquiera desearía, pero muchos menos de los que había imaginado después de frustrarme tantas otras veces.


Todos los días me levantaba con esa idea en mente, y la afirmaba con insistencia, murmurándola sólo para mis oídos, para auto convencerme. Porque el primer convencido debía de ser yo. En mis ratos libres me avocaba por entero a la faena, y forzaba la mente y los sentidos hasta quedar exhausto.


Así, por pura cabezonería, una mañana desperté y descubrí que al fin me había vuelto invisible.


Y heme aquí, realizado y feliz, con cinco sentidos orientados hacia todo aquello que me proporciona placer. Parado en medio de de lo que bien podría ser la mismísima nada, caminando sin rumbo, porque tengo todo el tiempo del mundo para estudiar en profundidad cada detalle cuando me da la gana. Percibo la brisa de otoño y no siento el frío porque voy bien abrigado, el olor del azúcar quemada y el sabor de la garrapiñada; percibo también a las personas que pasan a mi lado apenas rozándome en estas veredas angostas y atestadas, y oigo el sonido de sus pasos sobre el pavimento y tramos de sus conversaciones sin hacerlos sentir incómodos; porque ellos no saben, no entienden, no tienen la menor idea…


¡Pero qué caraj…? Algo me está jalando de la manga… ¿Qué clase de animalito sería capaz de hacer tal cosa? Tal vez uno de esos que andan por la vida en rueditas… digo, por lo bajito… ¡Y ahí está otra vez! El chirrido de sus rulemanes oxidados es inconfundible.



—¿Señor, quiere que lo ayude a cruzar?

Ah, me olvidaba: entre seres invisibles, de vez en cuando, sí nos vemos.

 

Ana.

04/11/2007

Varios... y el porqué de tanta ansiedad

~ Decisiones ~

La suerte está echada, ya no hay nada más que hacer aparte de ponerle esfuerzo a “la cosa” para que todo resulte bien. El problema es que me cuesta confiar, y, dadas las circunstancias, no puedo hacer otra cosa, aunque sea medio a regañadientes.

La noticia fue tomada con más calma de la que había esperado, pero eso sólo fue en apariencia, puesto que cuando hube acabado mi jornada, Cris me escribió para contarme que mi jefa se agarraba la cabeza con las dos manos

El caso es que en su momento, y desde enero para ser sincera, he estado sopesando todas mis posibilidades, hasta la más desafortunada, y con el pasar de los meses finalmente caí en la cuenta de que nada puede ser tan grave, que las oportunidades hay que aprovecharlas cuando se presentan porque luego nunca se sabe si se repetirán, y que podía perder más si me postergaba.

“Y al cuerno con todo!”, me dije, y me puse a hacer las cuentas y los trámites. En cierto modo creo que me merezco un poco esos dos meses que me voy a pasar del otro lado del mundo… Qué curioso, le decía a Sil el otro día, que cuando éramos chicos e íbamos a la playa y jugábamos con la arena, nos decían que si hacíamos un pozo lo suficientemente profundo podríamos llegar a la China… Pues que siempre he querido ir para allá, y no llegaré excavando, pero la perspectiva de volar no me desagrada en lo más mínimo.

Claro que en la ofi, además de mis jefes, sólo Cris sabe que me ausentaré esos dos meses; a ella se lo conté ni bien surgió el proyecto, pues se ha ganado mi confianza en el día a día y nunca, ni un poquito así me ha defraudado. En cuanto al resto, me muero por contárselo a la Lau, pero es que seguro que se le escapa algo sin querer, de pura atolondrada que es, y entonces sí que la cosa se va a poner fea, porque Voldemort —usíase Silvia, la innombrable—, emana una envidia tan palpable, que no me siento capaz de soportarla sin explotar de manera desagradable… Además, no quiero dar explicaciones a nadie por mera buena educación, no me sale ser tan descaradamente hipócrita.

En fin… vamos a lo bueno. Ayer festejé yendo de compras, ya tengo mis valijas, la poca ropa que voy a llevar… y sí, voy a hacer un esfuerzo desmesurado por viajar ligera de equipaje, puesto que, como dice Pablo, “zai zhongguo, women dou shenme ye xiang mai” (en China, todos queremos comprarlo todo)… ^__^"

El destino: la Universidad de Transporte de Chengdu, en Sichuan, la tierra de los pandas. Luego viviremos la fiesta de la primavera y nos iremos de recorrido por el Tíbet, la ultra mejorada Beijing que espera a los deportistas olímpicos, Xi’an y Shanghai.

Ah… no veo la hora de que llegue fin de año… tengo un nudo en el estómago que apenas me deja respirara cuando me dejo llevar y me pongo a hacer planes… El grupo que se formó es muy lindo, todos lo suficientemente grandes como para no andar haciendo pendejadas tan lejos de casa, así que me siento lo suficientemente confiada.

Por otro lado, la lista de las compras que me han encargado hasta ahora, bien podría servirme para empapelar las paredes de mi cuarto… En fin… subordinación y valor…


~ Elecciones del 28 Octubre ~

Con tres días de anticipación, los agentes de la comisaría tercera se presentaron en mi domicilio y me hicieron entrega de la nunca bien ponderada notificación de que me habían designado como autoridad de mesa en los comicios.

Primer Suplente”, decía la nota, así que me despreocupé.

—¿Pero cómo, no te vas a excusar?— era el comentario generalizado.

Y no, aunque me resultaba bastante inconveniente perder ese día cuando tengo tan poco tiempo y tanto que estudiar, ni se me cruzó por la cabeza eludir lo que considero una responsabilidad, y en cierto grado un honor.

Siempre he sostenido que debería sancionarse de manera un tanto implacable a quienes no cumplen con esta tarea cuando se les asigna —si bien también sostengo que es injusto que la responsabilidad recaiga siempre en los mismos pobres que se lo toman con un mínimo de compromiso y cumplen— de modo que, aunque estaba con una tos de esas que apenas me dejan razonar, cumplí.

Claro que el domingo me sentí bastante menos valiente cuando el presidente designado no se presentó y la gente de prefectura me ascendió así sin más. Por suerte mi suplente sí se presentó y debo reconocer que lo hicimos bastante bien entre las dos.

Destacados:

1) Una fiscal de un partido que ni me acuerdo cómo se llama, me hizo enojar con el tema de qué orden era el adecuado para disponer las boletas en el cuarto oscuro. La gente del correo y la de prefectura bien me aleccionaron en cuanto a que como presidente recaía en mí toda autoridad, así que acabé despachándola sin explicación, y que si no estaba de acuerdo, que presentara queja formal ante el colegio electoral. Al final del escrutinio mi maldad afloró, cuando en repetidas oportunidades consultó si la lista a la que adhería había recibido algún voto, y debí decirle que no.

2) Gente difícil: la que se encierra en el cuarto oscuro y decide que se va a quedar a vivir ahí por el resto de sus días. A una doña que demoró más —pero mucho más— de la cuenta, la llamé desde el otro lado de la puerta para ver si aún vivía. ¡Craso error! Por poco y no me come viva.

Doña (abre la puerta y me fulmina con la mirada): —¿Qué pasa?
Ana (con cara de angelito): —¿Está bien, señora? Pensamos que le había pasado algo. ¿Encontró la boleta de su candidato?
Doña: —Sí, ya la encontré. (Cierra de un portazo y desaparece… por un buen rato más).

Qué hizo ahí adentro durante tanto tiempo, no tengo la menor idea. Ni siquiera una maldad, como desordenarlo todo…

En fin, tiempo más tarde, a otra señora que resultó mucho más afable, ante la demora directamente le pregunté si todavía estaba con vida. La doña salió desternillándose de la risa. Ni les cuento lo que se rió todo el mundo que estaba esperando afuera…

3) A las 18:00 cerraron las puertas del edificio y comenzamos a levantar campamento de lo más felices y entre aplausos, cuando nos comunicaron que el horario del comicio se había extendido hasta las 19:00… En toda esa hora sólo se presentaron a votar dos personas en mi mesa… qué desperdicio. Con las fiscales ya contábamos chistes para ayudar a pasar el tiempo.

4) Some people never knows…

Una de esas señoras rezagadas, salió del cuarto oscuro y dijo: —No pude votar como quería, no encontré a mi candidato.
Ana: —Entonces, no vote todavía. Vamos a ver si falta alguna boleta… (corroboramos). Señora, están todas las listas.
Señora: —Pero mi candidato no está… y no me puedo acordar cómo se llamaba…

En fin, al final votó al partido que quería, pero no a su candidato… Y es que el candidato que buscaba estaba postulado para gobernador de la Provincia de Buenos Aires, y estábamos votando en la Ciudad Autónoma, que sólo elegía presidente, diputados y cenadores.

Sin palabras…

 

((( Comentario aparte: Mi candidato, tal y como lo esperaba, no ganó... -__-'' )))


~ Lectura ~

A duras penas —puesto que, para variar, no tengo tiempo— estoy leyendo “A buen fin no hay mal principio”, de más está decir quién es el autor, ¿ne? Sí, de vuelta al estilo clásico que tanto me gusta, y a las obras escritas para el teatro que se leen siempre con tanta facilidad. No sé si le pasará a todos algo parecido, este estilo de narrar pinta en mi mente cuadros muy diferentes… mucho más acabados en cuando a las acciones, las expresiones… y deja a mi libre albedrío el aspecto físico de las personas… Será por eso precisamente que me gusta tanto.


~ Música ~

De L'arc~en~Ciel, Daybreak's bell y de Dreams come true, Ai shiteru no sain.

Ya sé, nada tienen que ver… pero mis gustos son así, extrañamente variados.


Y me voy yendo, que este post me quedó largo y vago.

Saludos a todos de una Ana feliz que cuenta el pasar de los días haciendo rayitas en la pared ^____^


Ana.

17/10/2007

Más ansiedad

Esta vida caprichosa está llena de tropiezos… Casi ni me lo creo… Y qué difícil es querer… ni qué decir hacer… Mañana me toca un día memorable, en el que me lo juego todo por el todo. No quiero pensar mucho, porque ¿de qué me serviría? Mientras más planeo las cosas, peor me salen, lo sé por experiencia.

Son demasiados los cambios, y ando como ciega, dándole para adelante como si no me importara en lo más mínimo si me estoy yendo a pique, derechito al precipicio.

Sé que estas palabras no tienen mucho sentido, pero ¿nunca les pasó que prefieren no decir las cosas antes que sucedan, no sea que todo salga mal? Estas no son más que sensaciones que me llenan en estos momentos, puras abstracciones… pero es que el pensamiento en sí no es otra cosa que una mera abstracción…

Si las cosas salen medianamente bien, las buenas noticias llevarán “pelos y señales”, y fotos de todo lo que espero ver en los próximos meses.

Me han recriminado repetidas veces que este, mi pobre blog, está demasiado abandonado. Pues nada puedo hacer al respecto, al menos hasta que mi rutina dé por fin ese giro que espero con tanta ansia. Tal vez siga sin tener tiempo para nada, y sería hipócrita si dijera que no prefiero que sea así, pero la rutina será otra nueva, y yo seré una persona… un tanto renovada, o eso espero.

Mis ojos están pidiéndome sueño, mis músculos me piden descanso… Mi mente colapsará si no le quito pronto un poco de toda esta presión. Pero vamos, que este no es momento de aflojar.


~ Cambio de tema ~
~ Siguiendo con las impresiones de oficina ~

Hace algunas semanas, mis jefes se ausentaron por un período de tiempo considerable; se fueron de viaje a Italia… La verdad, justo a último momento me quedé bastante mal parada, por decirlo de alguna manera. Vero, que me ayudaba con el trabajo, renunció porque se va a vivir a Córdoba, y yo andaba con una gripe que no me dejaba vivir. Dicho sea de paso, estuve medio engripada por más de tres meses sin interrupción, que me dolía la garganta, que después me quedaba esa tos tan insistente, que después caminaba una cuadras en el frío y caía en cama con fiebre… En fin, que para colmo, mi jefe, al que aprecio bastante no sé porqué, andaba insoportable con las recomendaciones, y lo peor de todo era que me estaba dejando a cargo nada menos que de Silvia… que controlara las notas que hacía, “que no la dejara mandar ninguna nota, a nadie, sin antes haberla leído yo… entre otras cosas…

El caso es que finalmente las dos semanas y pico que duró su ausencia no tuvieron demasiadas complicaciones en lo que toca a gente llamando por teléfono para que les solucionemos sus crisis, pero lo que pudo ser un período distendido, no lo fue precisamente por la presencia de Silvia en la oficina.

Definitivamente, no se puede trabajar con alguien que no tiene ni pizca de iniciativa. Es imposible tener de colaborador a alguien que precisa ser manejado cual marioneta para hacer sus tareas, que se ofende si se le pide algo, que está todo el tiempo conectado al msn, que atiende mal a la gente por teléfono, que la mitad de las veces no toma los mensajes, que la otra mitad los toma mal y que nuca, jamás, a menos que se haya mandado una macana, transmite las novedades.

Me cuesta creerlo, pero en un momento dado, me sacó de mis casillas y le grité. Las caras de los presentes se llenaron de asombro por mi reacción… Yo misma, después de semanas sigo sorprendida… esos no son mis modos, esa no soy yo.

A fin de cuentas, al día de hoy, es casi como si no existiera… No me gusta la situación, la verdad sea dicha, tengo ganas de que se vaya.

Que me valgan las planificaciones, que de esa manera me reiré hasta que me duela el cuerpo entero… jejeje… Sé que soy mala, pero nunca desubicada, que este es mi espacio y aquí todo me está permitido, hasta esta especie de desahogo, porque detesto las discusiones y los episodios tensos. Ya es sabido que huyo de “casi” todo enfrentamiento, pero a que no sabían que me inclino por eso de guardar las apariencias?… No voy a justificarme, pero he de hacer una observación al respecto que, a mi modo de ver, marca una diferencia para nada despreciable: No es lo mismo mostrar algo que no se es, que no mostrar todo lo que se es… que, en mi caso, se traduce como una tendencia a moderar el temperamento y hacer cierta gala de los buenos modales que se me han enseñado.

Lo que pase por mi cabeza, será depurado antes de salir por mi boca y, aunque muchos no lo crean así, esa es una buena manera de llevarse bien con las personas, incluidas las difíciles, cuando se anda por la vida haciendo… algo así como relaciones públicas.

Lamentablemente, no logro evitar el ponerme algo cáustica cuando escribo notas… pero a mi jefe parece que le gustan bastante… O_o

…Y ya me fui por las ramas…

… ¿Y porqué no?...

Planes futuros: Conseguir una gata de tres colores, un Chow-Chow, un ciprés… tocar un panda rojo... ^_^''



Ana.

09/09/2007

Demasiado...

Fue tan sencillo como tomar la decisión… Já… nada menos!

Duele, pero está hecho. Ya está, se fue… se fue para siempre… y es una sensación extraña la de haber conseguido al mismo tiempo una suerte de liberación y cierta cuota de cargo de conciencia. No sé… me duele el hecho de haber puesto mis dedos sobre el teclado y haber hecho esa llamada. Sé que ya no tenía ningún sentido continuar estando las cosas como estaban… Será que son muchos los cambios, y que duelen… mucho. Estoy plenamente convencida de que fue lo mejor, pero eso no me consuela como quisiera, en una de esas porque no puedo evitar poner me a pensar en lo que será de acá a unos cuantos años, cuando a los demás les llegue también su hora. Lo que deprime es sentirse un poquito más sola cada vez que algo como esto pasa, tomar conciencia de que ya se fue y que es definitivo. ¡Vaya si la muerte no es algo rotundamente definitivo! El saber que al despertar ya no va a estar ahí, aún cuando ya no vaya a darme problemas… Tengo un nudo en la garganta que casi no me deja respirar.

Me vienen a la mente montones de momentos en los que nos divertimos juntos, y eso es lo que más dolor me causa ahora, el haber puesto punto final a algo que no tenía ganas… Pero no pude quedarme ahí escuchando… escuchándolo. Es demasiada la presión.

Me sostienen los proyectos, la pura determinación y la esperanza de que llegado el momento podré ser lo suficientemente fuerte para liberarme por fin de este yugo. ¡No más! ¡Se acabó! ¡Al diablo con sus pretensiones! Si acaso este episodio me ha hecho un poquito más fuerte, y acrecentó mi determinación. Forzaré la máquina hasta que haga falta, sólo porque sé que hay un límite que no llegaré a traspasar por pura falta de año… Luego, el cielo dirá y yo me dejaré llevar…


Ana.